San Isidro de El General. Aunque el único espacio que tenemos seguro en la vida es el del cementerio, en Pérez Zeledón la Municipalidad está encontrando dificultades para poder dar este último servicio a sus habitantes.
El Cementerio Municipal, en la ciudad de San Isidro, tiene una capacidad de 2.687 tumbas individuales; sin embargo, casi todos los nichos están ya ocupados y no hay más espacio para construir nuevos, confirmó su administrador, Olman Solís Ríos.
Agregó que la demanda diaria de espacios obliga a habilitar las tumbas ya usadas.
Alcides Arias, jefe de la sección financiera del municipio, comentó que cuando alguien solicita el servicio para un familiar se le insta a usar los cementerios en los otros distritos. Pero si de todas formas debe usar este y no tiene un espacio arrendado, se dan a la tarea de buscar uno.
Según Arias, esta habilitación se realiza solo en los casos en que los dueños hayan dejado de pagar por más de dos años la cuota anual o manifestado su desinterés por los restos de sus familiares.
Antes de esto se le envía una notificación al responsable y si no paga su deuda se procede a la habilitación de la tumba. En ese caso, los restos se llevan a un osario común dentro del cementerio.
Otro aspecto que se toma en cuenta para desocupar una sepultura es lo que dictamina la ley, por lo que solamente se sacan los restos que tengan más de cinco años de haber sido enterrados.
“Un trabajo nada bonito”
Gerardo Campos Cordero, misceláneo del cementerio, dijo que habilitar las tumbas es cosa de todos los días: “Se sacan los restos, se ponen en el osario y se limpian bien las tumbas para el próximo. Es un trabajo nada bonito”.
Arias aseguró que abundan los casos de morosidad. Según el último corte financiero, el pueblo generaleño debe a la Municipalidad ¢19 millones por este servicio, un monto que también ha impedido buscar una alternativa.
Este cementerio es muy solicitado por personas procedentes de todo el cantón e inclusive de la zona sur. Así, cada mes entierran un promedio de 12 a 15 personas.
Demanda y planes
Una de las razones de la saturación son las defunciones ocurridas en el hospital Escalante Pradilla. “Muchas veces las personas vienen de muy lejos y les sale muy caro trasladar a sus difuntos a sus hogares, por lo que recurren a este cementerio”, citó Arias.
Según la alcaldesa, Rosibel Ramos, en el ayuntamiento hay una profunda preocupación por el problema y por eso formaron una comisión que tratará de encontrar cuanto antes un terreno apto para construir un nuevo cementerio.
El regidor Francisco Ureña forma parte de este grupo, y comentó que ahora están evaluando la demanda del cementerio pues la idea es hacer una proyección y buscar un lugar que sea utilizable en los próximos 30 ó 40 años, con el tamaño, la topografía y las características de suelo idóneas.
Aunque no se tiene ningún lugar pensado, sí reconoce que buscarán un sitio que esté alejado de la ciudad y de la transitada carretera Interamericana.
Ureña confía que con la disposición del Concejo, este proyecto estará listo antes de terminar su administración, dentro de cuatro años.