Cárdenas, Nicaragua. Un viejo árbol del parque de Cárdenas la resguardaba del sol. Con sus 58 años a cuestas, su piel rugosa y encorbado el cuerpo, Aura de Jesús Obando esperaba el bus que la llevaría hasta el poblado de Río Mena.
Era la mañana del miércoles 17 de junio. Ese día ella tenía la esperanza de que el bus, un destartalado camión de guerra, iba a dar el servicio. "Es que hoy no ha llovido, porque ¡ay, santo Dios!, cuando llueve por esos caminos, no se puede pasar; ya más de uno se ha malmatado."
Así lo narraba junto a un grupo de personas con su misma ruta, entre ellas Cecilia Briones una mujer de edad adulta que venía de internar a su marido en el hospital de Rivas.
El hombre tiene una infección en los riñones y además padece una deficiencia cardíaca. Como en su poblado en muy pocas ocasiones llega un doctor, no fue hasta que sufrió un ataque cuando le dieron atención médica.
"Vieras lo que fue sacar a ese pobre hombre, a rastras... duraron casi tres horas en llegar a Cárdenas y de ahí como hora y media más a Rivas; el doctor le dijo hoy a Cecilia que quién sabe para que saliera bien", contó Aura.
Dura realidad
Y es que, según dicen los vecinos de esta región del sur de Nicaragua, fronteriza con Costa Rica, solamente hay un lugar de atención médica en la comarca central; el resto de los poblados en muy escasas ocasiones reciben la visita de un equipo médico.
El olvido en que están fue lo que condujo a muchos de los 5.400 pobladores a amenazar con anexarse a Costa Rica. Esa parte de la historia ya se conoce. Lo que tal vez se ignora es la forma como vive esta gente.
"Pensar en llamar un médico... ¿cómo?, no hay como", dijo Aura.
Con excepción del pueblo central, las demás comunidades no tienen servicio telefónico, electricidad, agua potable y ni siquiera caminos para comunicarse entre sí. Solamente hay trillos que se desvanecen con la fuerza de las lluvias.
Cárdenas es un pequeño caserío. Su parque y una vieja iglesia que casi siempre permanece cerrada están ubicados a escasos 300 metros de la costa del lago Nicaragua con una vista del volcán Momotombo, donde se desdibuja el sol al atardecer.
Imágenes hay muchas. Viejas casuchas de madera, perros hambrientos deambulando de un lado a otro de la calle, chanchitos llenos de barro.
Cerca de la pulpería, un caballo jalando una rústica carreta armada con tablas y, más allá, cinco mujeres de tez oscura empezaban a conocer el arte del tejido al mando de Diana Consuelo Estrada.
"Las estoy enseñando a tejer. Primero, como usted ve, estamos tiñendo el hilo y luego ya hacemos el resto del trabajo; a ver si hacemos algo para ganarnos un dinerito porque aquí es bien difícil la situación, y ¡diay! yo soy soltera con dos hijos... dígame ¿qué voy a hacer para vivir?"
Ansiado camino
Porque es cierto, aquí son pocas las actividades productivas. Rónald García, quien ese día también esperaba en el parque el bus hacia Río Mena, contó que tiene una pequeña parcela que produce frijoles, arroz y plátanos.
"Pero no hay cómo sacarlos para venderlos. La mayoría de las veces hay que dejarlos que se pierdan, y lo que uno hace con más frecuencia es sacarlos al lado tico."
Un camino que comunique a los poblados de Cárdenas es el mayor clamor de los habitantes de esta región. Lo que necesitan es una vía que les ahorre la extenuante jornada de tres horas a pie, cargando bolsas y a su pequeña nieta, a Aura de Jesús Obando y a los demás habitantes de la región.
Caminos para que Rónald García y los otros productores puedan sacar sus productos a vender. Caminos para que Jorge pueda recibir atención médica a tiempo.
"Nuestra solicitud más urgente es que hagan el camino de Pueblo Nuevo Sur hasta Colón. Son cerca de 130 kilómetros que, ahora que vino una misión del Gobierno, nos dijeron que en dos meses iba a estar listo... habrá que ver para creer", dijo Armando Torrentes, alcalde de Cárdenas.
A esta petición se suma la solicitud de agua potable o, al menos, equipos para habilitar más pozos vecinales, mejores condiciones para las escuelas, mayor atención médica, en fin... sacar a esta tierra del abandono, según las palabras de sus habitantes.
"Tierra de nadie"
José Calderón vive en Los Angeles, a 200 metros de la línea fronteriza con Costa Rica. Desde ahí la boca se le hace agua: ve como sus vecinos del caserío tico de Santa Elena de la Cruz tienen agua potable y electricidad, mientras él y su familia han de alumbrarse con candelas y sacar agua del río.
"Pues uno quisiera tener todo eso. Es cuestión de tirar cables más para acá y recibiríamos luz... hay veces la gente de Costa Rica pareciera que tiene ganas de ayudarnos porque nuestro Gobierno nunca se acuerda de nosotros; esto, como quien dice, es tierra de nadie..."
Por las condiciones de abandono que día a día sufren, la inaccesibilidad a sus pueblos, la carencia de servicios básicos y mejor comunicación con las tierras ticas es por lo que el viernes, 5 de junio, los líderes comarcales lanzaron la idea de anexarse a Costa Rica.
"Uno ve que la gente del lado tico tiene más cosas, viven mejor, es una tierra de paz. Aquí uno siempre vive con miedo de la guerra; además allá el Gobierno les ayuda a los pobres, tienen pensiones, hay bonos de casa, de comida... pues no es que uno quiera que le regalen las cosas, pero por lo menos poder progresar", seguía contando Aura.
Un caso es la educación. En Cárdenas, aunque hay 14 escuelas, 60 niños que viven al lado nicaragüense reciben sus clases en la Escuela de México de Upala, en Costa Rica. Otros tantos están en Santa Cecilia de la Cruz. Igual pasa con las clínicas de salud ticas, que atienden constantemente a nicaragüenses.
Por estas, entre otras razones, el alcalde Torrentes cuenta que la idea de la anexión cayó bien entre quienes participaban del encuentro, pese a que reconocen que es muy difícil hacerla realidad.
Sin embargo, lo consideran como una medida de presión para que el gobierno de Arnoldo Alemán vuelva los ojos hacia esta zona de 28.000 hectáreas, que pide a gritos atención.
Así, el martes anterior llegó una comitiva de ministros del Gobierno a visitar la zona, pero los pobladores se muestran escépticos. Prefieren aguardar hasta ver las promesas hechas realidad. De lo contrario, afirman que seguirán luchando por convertirse en ticos.
Desde Cárdenas a Colón, pasando por Los Angeles, Río Mena y Tablón, muchos nicaragüenses mostraban a La Nación su interés por convertirse en ticos; otros ni siquiera conocían la noticia; algunos más no aceptan semejante idea.
Tras casi una hora de viaje, por un camino de tierra y barro, cruzando ríos y riachuelos, observando la fresca vegetación y la inmisericorde pobreza, Aura de Jesús seguía narrando cómo es su vida. Hablaba de las tortillas con mondongo que le cocina a sus nietos, hablaba de un sueño de progreso y de su triste realidad.
"Uno la lucha, la lucha, pero nada cambia", dijo cuando ya casi llegaba a su casa, una vieja galera en medio de una montaña en Río Mena de Cárdenas de Nicaragua.
"Que nos atiendan"
José Calderón, vecino de Los Angeles
A poco más de 200 metros de la línea fronteriza, al lado nicaragüense, en medio de la maleza y el tupido bosque, está ubicada una rústica casa donde viven José Calderón y su familia.
Llegar a su vivienda por tierras costarricenses no es complicado pues hay un pequeño camino hasta la división entre los dos países y luego se debe caminar un corto trecho. Sin embargo, trasladarse hasta el poblado nica más cercano es toda una odisea: hay que atravesar la montaña a pie o a caballo y se tarda no menos de dos horas y media.
José cuenta cuál es su situación y la de su familia.
"Yo poco he oído de eso de querer anexarse. La verdad es que para mí es más fácil ir al lado de Costa Rica que a mi país, pero uno tiene que pensarlo varias veces antes de pensar en dejar su nacionalidad.
"Esto aquí parece tierra de nadie, es tierra del olvido; por aquí, como una vez al mes pasa el ejército, ahí yo los atiendo y hablo con ellos pero nada más.
"Vea, nosotros no tenemos luz, en cambio nada más mire hacia allá: vea el cableado qué cerquita, pero es de los ticos. Yo con mis hermanos ticos me llevo muy bien, casi siempre para allá llevo mis productos.
"Yo siembro aquí, saco plátanos; al menos ahora tengo como cinco mil dedos de plátanos. Los ticos vienen ahí no más y, aunque me lo compren más barato, para mi es más fácil que sacarlos a Cárdenas; todo lo que gasto en llegar hasta allá, se me fue la ganancia; mejor tengo mi dinerito aquí cerca.
Dos monedas
"Aquí uno compra con el colón y con el córdoba, todo el mundo usa las dos monedas; lo que le estaba contando es que, como no hay caminos aquí en Nicaragua, uno no puede pensar en moverse hacia allá, hay que pensar hacia Costa Rica.
"Mi doña -ella padece mucho- tiene todo el control de salud ahí en el centro de Los Angeles. Ellos la atienden y le dan medicinas y muchas cosas; yo las compro allá también.
"Yo creo que el Gobierno tico nos trata bien, hasta la luz nos la podrían dar: como es tan cerca; claro que una vez nos dijeron que es que las casas no están muy juntas y por eso no nos pasan la luz, aunque también -y me van a disculpar- el ejército tico lo trata a uno mal. Una vez me pedían plata para dejarme vender unos plátanos y yo no se la di.
"Ahora que pensar en hacerse tico... bueno, uno tendría... uno quiere a su país. Lo que sí digo es que mi Gobierno tiene que hacer algo por nosotros."