Monseñor Román Arrieta Villalobos resume sus 41 años de episcopado con una metáfora: "Mi vida ha sido del monte Tabor (que representa la Gloria, en las escrituras) al monte Calvario (escenario de la crucifixión de Cristo)".
"Después de 1999 (cuando presentó su renuncia al Santo Padre), se me han venido años tormentosos. Nunca antes, con tantos años de ser obispo, había sufrido tantas tormentas", recordó ayer, menos de 24 horas después de haber recibido del Nuncio Apostólico la noticia sobre el nombramiento de su sucesor.
Mas las tormentas que cobraron forma con el escándalo de radio María de Guadalupe y, más recientemente, con las denuncias sobre pederastia contra varios sacerdotes, no le han robado la paz a su espíritu, aseguró.
A punto de dejar su cargo como quinto arzobispo de San José, Arrieta Villalobos, de 77 años, no se arrepiente de ninguna decisión adoptada.
La gloria
A la hora de hacer un balance de sus 41 años como obispo (23 de los cuales fue arzobispo de San José), destaca su participación en la revisión del Código de Derecho Canónico, la visita del papa Juan Pablo II a Centroamérica y su cargo como presidente de la Conferencia Episcopal durante 32 años consecutivos.
Reconoce que la lucha ha sido ardua en estos años.
"Vivimos tiempos nuevos. A mí me ha tocado afrontar problemas que mis antecesores no sufrieron", dijo.
"La situación del mundo y de la Iglesia ha cambiado de forma radical. La invasión de sectas y el fenómeno de la pedofilia han golpeado fuerte... Al final de todo, la Iglesia saldrá fortalecida", agregó.
El actual arzobispo administrador apostólico de San José se dedicará a viajar por el país, a visitar a sus amigos y a escribir su autobiografía.