A dos horas de camino de El Llano de Alajuelita, en medio de una montaña espesa donde para llegar hay que abrirse paso entre la vegetación, fueron localizados cuatro de los cinco cráneos sustraídos del cementerio de Alajuelita, la noche del 8 de enero.
Los restos humanos fuero sacados, supuestamente, por cuatro jóvenes que profanaron 108 tumbas en el cementerio de Alajuelita, con el objetivo de convertirlos en candelabros para aparentes ritos satánicos.
Estas son las razones que dieron los sospechosos, detenidos por miembros de la Segunda Comisaría de la Fuerza Pública el jueves en la noche cuando los soprendieron en sus casas y a uno de ellos en el trabajo.
Se trata de un menor de apellidos Aguilar Zárate, de 15 años, y tres de apellidos Retana Solano, Zúñiga Mesén y Fallas Hidalgo, con edades entre 18 y 20 años. Son vecinos de Alajuelita centro, Tejarcillos y Hatillo Seis.
Los mayores enfrentarían cargos por el delito de profanación de cementerios y cadáveres, que se reprime con prisión de uno a seis meses, o de veinte a cincuenta días multa. El menor, por su parte, sería entrevistado por la Fiscalía Penal Juvenil.
Según su testimonio, guardaron las calaveras bajo sus camas durante una noche y al día siguiente llevaron cuatro a la montaña. El quinto cráneo fue lanzado a un río por uno de sus compañeros, aparentemente por miedo.
Aparte de esta sustracción, los muchachos son los presuntos responsables de gran cantidad de daños en las tumbas.
Fernando Azofeifa, por ejemplo, se dedicó ayer a arreglar la fosa de un amigo, y puso cemento en dos más que fueron abiertas. Mostró, también, la marca que dejaron en muchas otras que no pudieron romper.
¿Una secta?
Denis Zúñiga, jefe del operativo, y Marvin Calvo, de la subcomisaría de Alajuelita, explicaron ayer que, según el testimonio, al menos uno de los involucrados actuó bajo el efecto de las drogas.
Estos se declararon seguidores de grupos de rock metálico y una secta satánica, que desde hace varios años los reúne para celebrar distintos ritos.
Investigaciones de autoridades locales señalan que la organización cuenta al menos con 30 miembros, la mayor parte de los barrios del sur. Normalmente, visten con camisetas negras y usan un crucifijo al revés.
Comparan la situación con el movimiento conocido como "camisetas negras" cuya existencia trascendió en junio de 1992. Su característica era el gusto por canciones con mensajes satánicos o subliminales.
Para el cura Orlando Navarro, estudioso de las nuevas tendencias, situaciones de este tipo deben ser una alerta para todas las pastorales juveniles y todas las iglesias pues evidencia que los jóvenes están desviando el camino.
En los hogares de los detenidos, la acción policial tomó por sorpresa a sus familiares. Aseguraron que jamás hubieran sospechado que sus hijos eran los responsables.