A los caballos no les importó tener enfrente y encima a miles de vaqueros, pues ayer las bestias (de cuatro patas) se apropiaron de las calles de Palmares durante el tradicional y concurrido tope de ese cantón alajuelense.
Bajo un sol de esos que pinta los cachetes color rojo, miles de ticos presenciaron a sus anchas cómo los equinos y sus dueños recorrían las principales vías palmareñas al ritmo, no solo de los cascos, sino de la cumbia y el tex-mex de las “tumbacocos”.
Desde tempranas horas de la mañana, familias enteras provenientes de todo el país se aparcaron en las aceras. Mientras tanto, decenas de camiones descargaban en las afueras de la ciudad a los animales encargados de llevar sobre sus lomos a más de un millar de vaqueros de beeper y celular (¿qué diría si viviera el actor John Wayne?).
Echar el caballo
Los espectadores del tope descubrieron ayer que “echar el ruco” no solo tiene un sentido figurado, pues más de uno debió cuidar sus hieleras ante la gran cantidad de caballos que se apretujaron en varios puntos del recorrido equino, que arrancó alrededor de las 2 p. m.
Al frente del tope marchaban los policletos en sus “caballos de acero”, la Tica Linda –Silvia Barrantes– y, sobre Guajiro, el criador Jorge Arturo Gutiérrez, dedicado de la actividad.
La legión de bestias incluía a los de casta y a otros nada castos. Sobre las monturas se veía de todo: desde niños muy asustados para disfrutar del fiestón hasta verdaderos expertos de esos que con una mano llevan las riendas y con otra un “fresco”.
La familia Carranza, de San Ramón, no faltó a su cita anual con los caballos y, para que nadie pasara necesidades, instaló sobre la acera su toldo, sillas y plantilla de gas. Así, al menos para ellos, el olor del salchichón fue más fuerte que el de la boñiga.
La música en vivo la pusieron los grupos La Marka, La Selección, Latin Band, Parranderos y Yaguaré, que debieron fajarse para que su cumbia sonara por encima de las rancheras salidas de decenas de grabadoras.
Sin la presencia de muchos jinetes “famosos”, el actor venezolano Guillermo Pérez se robó la tarde. Traído por Teletica, el galán hizo lo que mejor sabe: derrochar simpatía y ganarse todos los “rico” que alguien puede soportar. Fuera a caballo o a pie, el protagonista de la telenovela Soledad –que ayer terminó–, regaló besos.
La actividad transcurrió en orden y cada uno la disfrutó como pudo: los espectadores con sus hieleras llenas de malta y cebada y los jinetes carcajeándose de aquellos colegas que batallaban con sus bestias por demostrar quién era el amo.
De uno en uno o en montón, los animales cumplieron con la caminada palmareña. Al final, la zona ferial y sus bares se tragaron al grueso de los asoleados caballistas, aunque más de uno llegó ahí aun con el caballo puesto.