La Ley de Tránsito vigente carece de artículos que sancionen a los autobuses de transporte público que circulan sin barandas, con los asientos destruidos o con problemas mecánicos graves.
Pero tampoco se puede multar a los conductores de buses que tienen problemas de frenos porque la Policía de Tránsito no tiene equipos portátiles para revisar tales dispositivos en carretera.
Las únicas multas que se pueden aplicar son para problemas más leves, como luces quemadas, mal estado de escobillas o ausencia del extintor de incendios.
Así lo reconoció Germán Marín, director de Tránsito.
Marín alegó que los problemas mecánicos deben detectarse y sancionarse en la prueba semestral de revisión técnica que realiza la empresa Riteve SyC.
Sin embargo, admitió que cuando las unidades ya están en la calle el control es mínimo.
Y por eso no es difícil encontrarse unidades viejas y destartaladas circulando por las calles y carreteras de nuestro país.
La mayoría de esas unidades sufre las consecuencias del descuido, los desperfectos mecánicos y el vandalismo.
Entre los descuidados figura el bus de Barrio La Cruz placas SJB 6599, que el miércoles 11 de marzo circulaba frente a la iglesia La Soledad con la carrocería golpeada y la pintura desprendida a pedazos.
Otro caso más: la unidad de San Ramón de La Unión, placa SJB 8634, que sufrió un desperfecto mecánico mientras circulaba por el sector de Sabanilla.
A las 4 p. m. de ese miércoles, dicha unidad viajaba a menos de 10 kilómetros por hora, con varias de las luces traseras quemadas y el búmper quebrado.
Atrás, y con las luces de emergencia encendidas, lo seguía un pick up de Mantenimiento de la empresa Transportes Sabanilla S. A.
Tras recorrer varios puntos de la capital, La Nación observó más buses deteriorados en San Pedro, Cedros y San Rafael de Montes de Oca, en La Capri de Desamparados y en San Diego de La Unión.
Los primeros que levantan la voz son los pasajeros, entre ellos Uriel Flores, quien se quejó por el estado de los buses de San Diego.
“Están feos, las paredes internas arrancadas, le salen cucarachas y huele mal, a indigente”, dijo mientras viajaba a casa.
Según Riteve SyC, empresa encargada de la revisión técnica vehicular, en promedio se realizan 11.000 inspecciones anuales a buses de transporte público.
De las 11.000 revisiones, el 19% resultaron rechazadas por problemas de frenos (2.090), 14% en ejes y suspensión (1.540), 10% en dirección y 10% por emisión de gases.
Se trata de problemas mecánicos “invisibles” a los ojos de los pasajeros, pero que pueden poner en riesgo su seguridad.
En la actualidad, la Defensoría de Los Habitantes tramita 63 quejas de usuarios por mal estado de autobuses. Ayer, no se pudo precisar la cifra de denuncias que tiene el Consejo de Transporte Público.
Vandalismo. El miércoles 11 de marzo, al filo del mediodía, salía desde la capital la unidad SJB 5599 Tres Ríos - San Miguel.
Su carrocería estaba golpeada, pero eso era lo de menos. Por dentro, sus asientos (que alguna vez tuvieron forros de vinil y espuma en el interior) muestran las cicatrices provocadas por las cuchillas de los depredadores.
Alejandro Irola, administrador de Transportes Públicos La Unión, confirma que el vandalismo los golpea todos los días. “Aquí un asiento bueno no nos dura cuatro días; se invierten de ¢400.000 a ¢450.000 semanales en tapicería”, dijo.
El mismo problema enfrentará el dueño de la microbús de Sabanilla SJB 7897. A las 4:30 p. m. del miércoles 11, dos menores de edad tiraban por las ventanas pedazos de espuma de los asientos.
