El dramaturgo Daniel Gallegos llegó ayer al Teatro Nacional, y entró a la oficina de Graciela Moreno, directora de la institución, su refugio hasta que la ceremonia de entrega de los Premios Nacionales 1998 se inició. No era pesadez, era agradecimiento, vergüenza y nervios.
Fue el último de los premiados. Como ya es costumbre, el Premio Nacional de Cultura Magón es el último reconocimiento pues es el más importante y otorgado a la labor de toda la vida.
Antes de eso fueron dados 41 galardones, entre menciones honoríficas y los premios más importantes en las disciplinas de la cultura, el deporte y la ciencia.
Los primeros aplauso ayer fueron para la periodista Aurelia Dobles, editora del suplemento cultural Áncora del diario La Nación, quien recibió, al igual que encargados del suplemento Mujer de Éxito y la radio revista Con ustedes, una mención honorífica del premio Ángela Acuña Braun.
Con rapidez y poca explicación, Marco Martín y Rosita Zuñiga, los presentadores, llamaron a los creadores y personajes distinguidos.
Asdrúbal Coto, Leda Astorga, Rosella Matamoros, José María Zonta, Eduardo Vargas, Eddie Mora, Alfredo Catania y Rogelio López fueron algunos de los que subieron al escenario para recibir su placa o estatuilla y apretones de mano o besos del presidente Miguel Ángel Rodríguez; Lorena Clare, primera dama, y Astrid Fischel, primera vicepresidenta y ministra de Cultura, entre los funcionarios de la administración pública ubicados en la mesa central.
El teatro, la danza y los deportes fueron las ramas más aplaudidas.
Después fue el turno del deporte. Las pasiones que despierta no fueron obviadas, aunque sí mesuradas. Al final, el Magón. Gallegos subió al escenario y siguió el ritual.
Con un suspiro empezó su discurso. Breve y sintético, aseguró que atesoraría ese momento y agradeció a la vida su fortuna. Recordó que un país culto es uno libre y terminó diciendo que la cultura es la imagen del país. Allí, disminuyó el nerviosismo y prosiguió una larga lista de felicitaciones.