Acto cargado de simbolismos y un mensaje inspirador
Emilia Mora y Raquel Golcher emora@nacion.com
Monseñor Hugo Barrantes Ureña llegó ayer a la catedral metropolitana con un solo deseo: instar a una amplia cruzada pastoral que rescate a los fieles alejados de la Iglesia Católica.
En el marco de una solemne y simbólica celebración que arrancó a las 10 a. m., el VI arzobispo de San José se definió como pastor y pescador de almas.
La actividad tuvo un primer momento, donde un diácono leyó la bula papal que acredita a Barrantes como sucesor de monseñor Román Arrieta Villalobos.
Luego, revestido con una casulla roja con hilos dorados, la mitra (gorro) y el báculo (símbolo de la conducción del rebaño), Barrantes presidió la eucaristía.
Para hacer más patente ese acercamiento que profesa a su pueblo, realizó un breve recorrido por las naves norte y central del templo.
Esto provocó que el solemne silencio que había reinado durante el acto se rompiera.
"¿Ese es el Papa, ese es el Papa?, preguntaba emocionado Johnnattan Aguilar de cinco años a su abuela.
El acto religioso fue seguido por unas 3.000 almas congregadas en la catedral, entre ellos fieles, sacerdotes, seminaristas, los demás obispos costarricenses y prelados centroamericanos.
También estaban familiares de los obispos Barrantes y Arrieta.
En las afueras del templo, varias decenas de feligreses siguieron la actividad -que duró dos horas y media- desde una gradería. Para ellos, Barrantes también tuvo un gesto de agradecimiento cuando antes de iniciar la eucaristía salió a saludarlos.
"Que Dios lo bendiga, Monseñor", le decía una anciana.
"Gracias por estar con nosotros", le gritó otra persona.
Mensaje de esperanza
Previo a la primera homilía de Barrantes, una lectura bíblica recordó la gestión evangelizadora de San Pablo.
El evangelio de San Lucas evocó el pasaje donde Jesús envía a 72 discípulos a evangelizar y les advierte sobre los desafíos y obstáculos que podrían afrontar.
Precisamente, Barrantes se apoyó en parte de estos escritos para urgir una "nueva evangelización" que haga más dinámica y comprometida la acción de la Iglesia.
"Hoy necesitamos una pastoral para hacer cristianos. Urge pasar a una pastoral misionera, ir al alejado, salir a la calle", advirtió Barrantes. nota aparte.
En sus palabras también hubo pensamientos de San Agustín, teólogo fundamental de la Iglesia, el pensador latino Tertuliano y el filósofo griego Platón.
No faltaron referencias bíblicas y alusiones a encíclicas papales.
La homilía de monseñor Barrantes también tuvo pasajes conciliadores y de solidaridad hacia los más necesitados.
Los aplausos no se hicieron esperar cuando lanzó frases reveladoras como: "A Dios se le expulsa de la vida individual y social. No es que no se crea en nada, es que se cree en todo. De creyentes hemos pasado a crédulos". También hubo gestos de aprobación cuando pidió a La Negrita apoyo para llevar a buen término su misión.
Otros momentos
Tras la homilía de Barrantes hubo otro momento de especial emotividad: el mensaje de despedida de monseñor Román Arrieta, quien desde ayer es arzobispo emérito de San José.
Él hizo un recuento de sus 41 años de vida episcopal y, efusivo, recordó que la casulla que andaba se la había obsequiado el papa Juan Pablo II, cuando visitó Costa Rica en marzo de 1983.
El mandatario Abel Pacheco también hizo uso de la palabra. Felicitó al nuevo arzobispo y dijo que le pedirá consejos y apoyo en el desempeño de su gestión presidencial.
También tuvo palabras de agradecimiento para otro prelado, monseñor Antonio Troyo, ahora obispo emérito de San José. El público le aplaudió cuando dijo que ayer estaba de cumpleaños.
No menos emotivo fue el momento en que el obispo de la diócesis de San Isidro de El General, Ignacio Trejos dedicó un poema de su inspiración a Barrantes, que tituló "Bendito el que viene".
Y para concluir Barrantes -contagiado por el ambiente de hermandad- pidió de nuevo la palabra para agradecer a todos los obispos centroamericanos su presencia.
"Me gustan las reuniones en Nicaragua, porque dan unos nacatamales que son riquísimos", dijo mientras dirigía su mirada al cardenal Miguel Obando y Bravo.
Por cierto que tras la celebración el prelado salió presuroso hacia su país y dejó a varios periodistas con deseos de hacerle consultas sobre la situación nicara-güense.