Los delitos, como fraudes y estafas, cometidos con cédulas de identidad alteradas crecieron tres veces en lo que va del año, en comparación con todos los casos conocidos por las autoridades en el 2002.
Eso es lo que reflejan las estadísticas del Organismo de Investigación Judicial (OIJ). Según esos datos, en el 2002 se tramitaron seis casos por hechos ilícitos con la alteración de aquellos documentos, pero durante el 2003 ya hay 25 denuncias presentadas. Esto implica un incremento del 316 por ciento.
Los hechos anómalos en investigación están relacionados con fraudes a bancos estatales y privados, así como en los trámites de compra y venta de terrenos y vehículos.
Los informes policiales detallan que el perjuicio económico a los bancos públicos asciende este año a los ¢153 millones.
La situación preocupa también a la Asociación Bancaria Costarricense (ABC), que ha tratado el tema en varias reuniones.
Según la Policía, aparentemente el hampa se ampara en la obligación legal que tiene el Registro Civil de reponer las cédulas que la gente reporta como perdidas. Los delincuentes alteran los duplicados, con gran cuidado, para cometer los delitos.
Jorge Rojas Vargas, director del OIJ, dijo que hay coordinación con el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) en aras de que se adopten medidas para evitar esa adulteración pues ningún país puede permitir ese cambio en el documento oficial de identificación.
Sin embargo, Rojas reconoció que se hacen esfuerzos por incrementar la seguridad en las cédulas.
La Nación intentó obtener el punto de vista del TSE, pero no hubo respuesta, pese a varias gestiones.
Fraudes a bancos
Fuentes policiales dijeron que las estafas con cédulas alteradas se están dando primordialmente en perjuicio de los bancos.
Hasta el momento se han detectado fraudes con el cambio de cheques; los hampones incluso obtienen tarjetas de débito de personas con cuentas bancarias.
En el caso de los cheques, se dijo, es casi imposible detectar el hecho ilícito porque el cajero cuando pide la cédula pocas veces encuentra las modificaciones en el documento.
Igual sucede cuando una persona con una cédula alterada llega a un banco a denunciar que extravió una de sus tarjetas.
El empleado bancario hace el trámite correspondiente pues el documento aparenta ser confiable. Cuando el banco le entrega la tarjeta al delincuente, este se va a los cajeros automáticos y saca el dinero.
También hay casos, en los cuales los hampones han realizado compras en comercios, pagando con esas tarjetas.
Estos estafadores actúan con rapidez, tanto que los delitos los cometen en uno o dos días máximo.
Difícil enfrentarlos
Fuentes policiales explicaron que entre las opciones que tienen los bancos para combatir a estos delincuentes está la adquisición de lectores de las bandas magnéticas incorporadas en todas las cédulas.
Sin embargo, cada aparato tiene un costo aproximado a los $2.000 (¢800.000), además que se requiere de un visto bueno del TSE para usarlo. Ante el creciente problema, el organismo electoral autorizó a la ABC a adquirir los lectores.
Empero, hacer frente al problema significaría, para el Banco Nacional, incurrir en una inversión de ¢115 millones para instalar un lector en cada una en las 143 oficinas que tiene en el país.
Otras opciones que están usando los bancos es solicitar al cliente otro documento adicional de identificación con fotografía o llamar por teléfono al dueño de la cuenta, para verificar la identidad.