Las 4.000 fuentes que surten a los costarricenses de agua potable están en peligro de contaminación química, pues ni una sola tiene sistemas para detectar la presencia de sustancias tóxicas.
Darner Mora, director del Laboratorio Nacional de Aguas, del Instituto de Acueductos y Alcantarillados (AyA), admitió que “la principal vulnerabilidad del agua” es la contaminación con combustibles o agroquímicos.
De hecho, agregó, la presencia de materia fecal dejó de ser el problema más serio pues se combate con la cloración.
“La contaminación por hidrocarburos difícilmente se puede solventar. Una poca cantidad de esas sustancias es capaz de afectar grandes volúmenes de agua”, indicó.
Se calcula que con un solo galón de combustible (3,7 litros) se pueden echar a perder 50 millones de litros de agua.
Mora recordó, como ejemplos, “los problemas sufridos en el 2001 con carbolina en la planta de tratamiento de Guadalupe, la contaminación con hidrocarburo en la planta potabilizadora Los Cuadros de Moravia en el 2002, la presencia de gasolina en el embalse El Llano en el 2004, y la introducción de tolueno y otras sustancias químicas en las fuentes de Moín, esta última provocada por el incendio de la empresa Industrias Químicas Holanda”, el 13 de diciembre del 2006 en Limón.
Uno de los casos más graves se detectó en el 2004 en un manto acuífero en Belén de Heredia, contaminado con 20.000 litros de hidrocarburos. El problema es que a 50 metros está el acuífero Colima Superior, que surte a 1,5 millones de personas del centro del país.
Fugas desde los tanques de una gasolinera cercana serían las responsables de esta contaminación. Reparar el daño ambiental costará al menos ¢100 millones.
Dos expertos de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, quienes visitaron el país, recomendaron sellar el pozo y extraer los tanques de la gasolinera.
Jacqueline Jack y Thomas Lee advirtieron que es difícil saber si la mancha de hidrocarburos se mueve o es estática.
Solo un adivino. Determinar cuántos acuíferos corren el mismo riesgo que el Colima Superior es casi una tarea de adivinos.
“No sabemos cuántos pozos están siendo contaminados con fugas en las gasolineras. Muchas entierran los tanques de almacenamiento, la mayoría son viejos y no hay un control estricto sobre estos”, dijo Ana Isabel Barquero, coordinadora del Programa de Investigación y Gestión del Agua de la Universidad Nacional.
El Ministerio del Ambiente y Energía (Minae) solo cuenta con un funcionario para fiscalizar a las 346 gasolineras existentes en el país.
A este único inspector también le correspondería buscar y clausurar los 3.000 tanques ilegales de almacenamiento de combustible que, se estima, hay en el país. Esos tanques carecen de las más mínimas medidas de seguridad.
El panorama se ensombrece más si se considera que AyA carece del equipo para analizar el impacto de sustancias tóxicas en el agua.
“Son estudios muy caros. La UNA los hace en sitios de interés pero ni el AyA, ni mucho menos los acueductos rurales, tienen sistematizado cuáles son esos lugares vulnerables”, dijo Barquero.
A la fragilidad de las fuentes de agua por carburantes se suma la amenaza de los agroquímicos.
“Esas sustancias se aplican indiscriminadamente sobre los cultivos y llegan a las aguas superficiales o se infiltran en las aguas subterráneas”, advierte Barquero.
El último Informe del estado de la nación valora esa posibilidad principalmente en las zonas donde se cultiva la piña.
“La utilización de agroquímicos puede hacer que esas sustancias se filtren tanto en aguas de quebradas y ríos, como en viviendas en caso de que los productores no respeten las distancias entre el cultivo y los ecosistemas”, asegura el documento.
El AyA también carece de una metodología para determinar con certeza el daño causado por los agroquímicos en las fuentes usadas para consumo humano.
Inicialmente, el Instituto contratará a una empresa para que realice estudios de hidrocarburos y pesticidas en acueductos de riesgo. A dos años plazo, dijo Mora, pretenden contar con la tecnología para realizar este tipo de análisis.
