Aunque hace mucho tiempo fallecieron, después de pasar un largo período en prisión, la Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia les concedió el beneficio de la duda, y absolvió a Ronulfo Morales Montero y a Marino Hernández Ruiz del brutal crimen de Colima.
Estos dos hombres, lo mismo que Lorenzo Palacios Rodríguez fueron sentenciados el 23 de enero de 1953 a 27, 30 y 40 años de cárcel, respectivamente, por los delitos de homicidio, robo, violación y profanación de cadáver.
Según el fallo del entonces Juez Primero Penal, José María Hernández, los tres dieron muerte, el 23 de diciembre de 1951, a Gloria Porras Alvarado y a su novio Carlos Arias Acuña, de 20 años de edad, en un cafetal de Colima de Tibás, San José.
La decisión de los magistrados fue tomada el 10 de setiembre, mediante el voto número 1153, que resolvió un recurso de revisión interpuesto por el abogado Gerardo Rojas Solano, en representación de Alfredo Morales, hijo de Ronulfo.
Ellos incluyeron a Hernández en la gestión, aunque la familia de este no quieren volver a saber nada del caso.
Los reclamos
El recurso de revisión fue presentado a mediados de 1998 y en él se argumentaron violaciones al debido proceso y al derecho de defensa pues no hubo abogado defensor. Alegó, además, tortura y arbitrariedad en cuanto a la obtención de la prueba.
“En casos como estos, lo que hacen es demostrar que en Costa Rica no existe justicia ni pronta ni cumplida. No puede hacerse justicia a estas alturas, luego de 50 años, y con la gente muerta”, enfatizó anoche Rojas Solano.
En esto coincidieron tres penalistas más, consultados ayer por La Nación. (Vea recuadro).
Para Rojas Solano, la resolución se quedó “a medias”, porque lo correcto, según Rojas, era absolver y no declarar el in dubio pro reo (beneficio de la duda).
“En aplicación del principio de in dubio pro reo se les absuelve de toda pena y responsabilidad por tal imputación. Se ordena la cancelación de inscripción de su condenatoria en el Registro Judicial”, afirma el fallo de los altos jueces.
Los herederos tienen ahora la facultad de acudir a la vía contenciosa administrativa para cobrar daños y perjuicios al Estado.
La razón de que este recurso no incluyera a Lorenzo Palacios, es que él fue absuelto desde el 4 de noviembre de 1994, también por el beneficio de la duda. El fue el único que estuvo vivo para saber la declaratoria de su inocencia. Para entonces, tenía 70 años y vivía en Nicaragua, su país natal, hacia donde fue expulsado, luego de que en 1968, el gobierno de José Joaquín Trejos Fernández les otorgara el indulto.
Esta decisión se dio dos años después de que el periodista y abogado Enrique Benavides publicara su libro Crimen de Colima. Un error judicial.
Recuerdos ingratos
Con una sonrisa lenta, como lo son ahora sus pasos, Cristina Barrantes habló de la absolutoria a favor de su esposo, Ronulfo Morales.
Aunque está satisfecha, a esta anciana de 87 años ya nada la hará olvidar el llanto casi continuo de su esposo durante la estancia en la Penitenciaría Central y luego en la isla San Lucas.
“Pobrecito, cómo lloró ese hombre, si él nunca había estado preso. Hace unos 24 años murió, estaba en la casa, él me decía: Tina que si hay justicia tiene que aparecer algún día, y pedíle a Dios para que te recompensen con algo”, recordó anoche.
Mientras tanto, en Guanacaste,
Francisco Palacios, uno de los hijos de Lorenzo, revivió la tranquilidad de hace cuatro años cuando a su papá también lo declararon inocente. Sin embargo, tampoco él podrá olvidar los 17 años que pasó su padre en prisión.