Una simple fumigación para matar los insectos de la huerta de una escuela de Cartago, intoxicó ayer a 61 alumnos mientras estaban en clases, y a tres adultos.
Al final del día, tras una gran movilización de ambulancias y bomberos de Cartago y San José, los estudiantes de la Escuela Filadelfo Salas Céspedes, en barrio Lourdes de San Francisco de Aguacaliente volvieron a sus casas. Todo comenzó a las 7 a. m., cuando el agricultor Mario Cedeño llegó para “limpiar” la huerta que colinda con las aulas.
Cedeño contó que se dedica a chapear terrenos, y desde hace 15 días conversó con la directora, Sonia Monge, para “arreglar” la huerta.
A las 8:30 a. m., luego de eliminar la maleza, el agricultor decidió rociar el insecticida, llamado Tamarón. La empresa fabricante, Bayer, advierte en su página en Internet que este producto es “sumamente tóxico”.
La maestra Esther Alvarado indicó que a las 8:40 a. m., después del primer recreo matutino, algunos niños comenzaron a sentir dolores de cabeza, náuseas y vómitos debido al fuerte olor que llegaba hasta el pabellón.
Los maestros decidieron evacuar el centro educativo y llevar a los niños a un gimnasio ubicado a 50 metros de la institución.
Debido a que el cuadro tóxico se agravó, 61 de los 200 estudiantes comenzaron a llenar el Ebais de la comunidad, que se ubica contiguo a la escuela.
Ese Equipo Básico de Atención Integral en Salud opera apenas con una doctora, una enfermera y dos internos.
Pasada una hora de la fumigación, la comunidad se transformó en un hormiguero con ocho ambulancias y dos unidades de bomberos, Fuerza Pública, padres de familia y curiosos.
Dora Emilia Brenes llegó con los ojos llorosos hasta el Ebais, preguntando por sus dos nietos que cursan el primer grado. Allí la tranquilizaron: los pequeños no estaban entre los afectados.
Kattia Amador, directora Médica del Ebais, indicó que los recursos de la unidad colapsaron, por lo cual decidieron enviar 27 niños hasta el hospital Max Peralta.
Hasta allí tuvo que ir Lizbeth Pereira para conocer el estado de su hija, Yurlandy Brenes.
Al mediodía, después de recibir atención médica, a la niña le fue permitido regresar a su casa.
A ese centro también llegaron dos maestras y una conserje.
En el Ebais, mientras tanto, a los niños se les recetó suero y medicamentos que eliminan las náuseas y el mareo; de hecho, las existencias de atropina, dramamine y gravol se agotaron.
El jefe de emergencias del Max Peralta, Rónald Garrote, describió la intoxicación como leve, si se compara con la que causan químicos como el gramoxone.
Aseguró que las molestias desaparecerían en 24 horas, sin embargo, advirtió a los padres estar atentos a los síntomas que pueden presentar los infantes en el transcurso de la semana.
Los bomberos que llegaron al sitio lavaron completamente la pequeña huerta, con lo cual eliminaron todo el cultivo y también los restos del insecticida.
El 21 de enero pasado, nueve niños y cinco adultos también resultaron intoxicados en Dulce Nombre de Vázquez de Coronado luego de que un vecino atomizó una plantación de ayotes con un insecticida similar.
Igual ocurrió el 28 de octubre del 2003, cuando otros 40 alumnos de la Escuela del Yas de Paraíso de Cartago resultaron intoxicados con Tamarón.
Aparentemente fue aplicado en un cultivo de chayotes, ubicado a la par de la escuela y el viento se habría encargado de esparcirlo.