Enrique Oporta Mora tiene 17 años y mantiene la ilusión de convertirse en un profesional, pese a que no puede asistir a clases.
Oporta dejó las aulas para trabajar pues debe llevar sustento a su mamá y cinco hermanos.
La carga es tan pesada que este joven, vecino de El Plomo, San Carlos, trabaja por las mañanas en una finca ganadera y por las tardes ayuda en un taller de ebanistería con tal de ganarse unos ¢25.000 semanales.
Oporta es parte del 41% de jóvenes entre 16 y 17 años que en el 2007 no estudió, pese a que debían cursar décimo o undécimo año, según el VI Estado de los Derechos de la Niñez y la Adolescencia en Costa Rica .
El informe lo realizaron la Universidad de Costa Rica (UCR) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia y la Niñez (Unicef).
El año pasado se registró una leve mejoría en la cobertura de esa población, pues en el 2006 el 43% de muchachos con 16 ó 17 años no estudiaba.
El documento alabó que en el país existe una alta cobertura en la educación primaria (niños entre 7 y 12 años de edad), pero criticó la reducción en secundaria.
“Hay una cobertura cercana al 100% en la población de edad escolar, pero se contrapone con una abrupta caída en la cobertura de población con edades para la educación secundaria que muestran las brechas en el paso de primaria a secundaria”, indicó el informe.
A modo de ejemplo, solamente el 83% de los jóvenes entre los 13 y los 15 años asistieron al colegio el año pasado.
Nancy Piedra, una de las coordinadoras del estudio, dijo que las desigualdades persisten
Agregó: “Tanto en educación como en salud tenemos sistemas que tienden a proteger más a los niños, pero desprotegen las necesidades de los adolescentes”.
Se intentó obtener el criterio de Alejandrina Mata, viceministra académica del MEP, pero manifestó que primero debe estudiar el informe.
Deseo. Enrique Oporta tiene claro que le será muy difícil superar la pobreza si no estudia.
“Quiero ir al colegio, esa ilusión la mantengo, pero debo cumplir con la obligación en mi casa pues soy la única fuente de ingreso”, declaró Oporta, quien no ha podido concluir el sétimo año.
La falta de dinero es la segunda causa que obliga a los adolescentes a cambiar los cuadernos por trabajos en los que obtienen, por lo general, un exiguo salario.
La primera razón, según el informe, es el desinterés por el aprendizaje por parte de los estudiantes.
Para revertir la situación, el Ministerio de Educación Pública (MEP) apostó por la inclusión de actividades especiales en la jornada escolar, como bailes, música, deporte y teatro para que ir a la escuela y el colegio sea más entretenido.
Además, el Gobierno impulsa el programa de becas Avancemos, que consiste en ayudas mensuales entre ¢15.000 y ¢50.000, según el nivel que curse el estudiante.
No obstante, tal aporte aún no llega a Enrique Oporta.
“Una vez me ofrecieron una beca, pero no la concretaron y no puedo dejar de trabajar, y esperar a que me llegue el dinero mientras tengo cinco hermanos en mi casa que necesitan comer”, se lamentó. Colaboró Ángela Ávalos, redactora.