
Madrid. AFP El jefe del gobierno socialista español, José Luis Rodríguez Zapatero, quien había hecho de su buena relación con los sindicatos una de sus principales bazas, afrontará el miércoles su primera huelga general, mientras el país sale lentamente de la crisis y uno de cada cinco españoles activos está sin empleo.
“El objetivo de la huelga no es que él dimita, sino que cambien sus políticas, que Zapatero dimita de su actual avatar, de su actual reencarnación”, declaró Cándido Méndez, secretario general de UGT, uno de los dos grandes sindicatos del país, al que Zapatero está afiliado.
“El presidente, en su fuero interno, es consciente de que debe cambiar”, afirmó Ignacio Fernández Toxo, secretario general del otro gran sindicato, CCOO.
La luna de miel entre Zapatero y los sindicatos, idílica durante su primera legislatura (2004-2008) gracias a la bonanza económica, no duró mucho en cuanto España entró en crisis.
Presionado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Unión Europea (UE) para que reduzca el déficit público (11,2% del PIB en 2009), Zapatero tuvo que hacer prueba de austeridad, mientras el desempleo se disparaba por encima del 20%.
Paso a paso, se vio obligado a bajar los salarios de los funcionarios, congelar las pensiones y poner fin a ayudas como el “cheque-bebé” para los nuevos padres o la ayuda a los parados de larga duración.
La gota que colmó el vaso y llevó a los sindicatos a convocar la huelga, fue la reforma del mercado laboral, que, aunque limita los contratos temporales, también reduce las indemnizaciones por despido y facilita el despido por causas económicas.
“Esta reforma es una regresión social muy seria”, advirtió Cándido Méndez, mientras que para Fernández Toxo, es la reforma más inoportuna de la democracia en España.
Para esta huelga general, CCOO y UGT aceptaron, no obstante, unos servicios mínimos de al menos el 20% en vuelos internacionales y del 25% en los trenes de cercanías.
Es la primera vez que gobierno y sindicatos logran tal acuerdo para una huelga general, un tipo de movilización que en España no se ha usado mucho.
“Solamente será la quinta huelga general desde la recuperación de las libertades sindicales en 1977”, apunta Pablo Iglesias Turrión, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid.
“Si lo comparamos con Italia o Francia sería efectivamente un número pequeño, pero prácticamente todas han tenido éxito, éxito de seguimiento o porque obligaron al gobierno correspondiente a rectificar sus políticas”, explica.
Los sindicatos temen una escasa movilización, sobre todo porque la reforma del mercado laboral ya entró en vigor.
Aunque un 54,6% de los españoles consideran justificada la huelga, sólo un 18% tienen la intención de secundarla, según un sondeo publicado el viernes por el diario Público .
La última gran huelga, la de los funcionarios el 8 de junio contra la rebaja de sus salarios, no tuvo un gran impacto. Muchos de ellos señalaron que no podían ya permitirse hacer huelga y perder más dinero.
“La situación de crisis económica dificulta la participación de los trabajadores en la huelga”, reconoce Iglesias Turrión, pero la entrada en vigor de la reforma del mercado de trabajo no supone que la huelga vaya a ser un fracaso.
“Esto ocurrió también en 2002 (última huelga general, contra la reforma de las prestaciones por desempleo) cuando la huelga tuvo tanto éxito que el gobierno (del conservador José María Aznar) se vio obligado a rectificar”, concluyó