Gdansk, Polonia (AFP). Lech Walesa celebró este sábado sus 25 años como Nobel de la Paz con numerosas personalidades políticas y otros ganadores del galardón en la norteña ciudad polaca de Gdansk para intentar, por encima de todo, propagar los ideales de Solidaridad en el mundo de hoy.
Con lágrimas en los ojos, Walesa no pudo ocultar su felicidad y su emoción durante la ceremonia que se celebró en la ciudad que vio nacer en 1980 al primer sindicato independiente del bloque soviético.
"A decir verdad, querría ser el último de los revolucionarios. Entonces tendría muchos monumentos. Si no es así, habrá más revoluciones", dijo a sus invitados el antiguo electricista de los astilleros polacos que se convirtió en símbolo de la lucha contra el comunismo.
Entre los invitados se encontraban el líder espiritual de los budistas tibetanos, el Dalai Lama, el presidente francés Nicolas Sarkozy y su ministro de Relaciones Exteriores, Bernard Kouchner, así como el presidente de la Comisión Europea José Manuel Barroso.
Además del Dalai Lama, también estuvieron presentes otros galardonados con el Nobel de la Paz como el argentino Adolfo Pérez Esquivel, el ex presidente sudafricano Frederik de Klerk o la iraní Shirin Ebadi.
El ex presidente polaco aseguró que la próxima gran revolución "no podrá ganar si no está cimentada en los valores". "No hay posibilidad alguna de construir bien la unidad europea, la mundialización, sin comprender las verdades simples que no son la economía, los soldados, los misiles (...) sino el espíritu".
En 1983, pocos minutos después del anuncio de su premio, Lech Walesa declaró proféticamente: "Estoy convencido de que acabaremos sentándonos en la mesa de negociaciones, que vamos a encontrar un entente por el bien de Polonia".
"Estoy convencido de que el premio Nobel nos ayudará a lograr este objetivo" dijo ante los periodistas extranjeros y algunos admiradores que se concentraron en la puerta del modesto edificio que habitaba y que hoy exhibe un retrato gigante de 150 metros de Walesa, para recordar que allí vivió con su mujer y sus ocho hijos.
Por temor a que las autoridades polacas no le dejaran regresar al país, fue su esposa, Danuta, la que viajó a Oslo a recoger el premio en su nombre.
Hubo que esperar cinco años para que el general Jaruzelski decidiese negociar con Solidaridad, abriendo la vía así a la caída del comunismo.
El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, homenajeó a Walesa: "Aquí, en Gdansk, usted cambió el curso de la historia en Europa y el de la historia del mundo", antes de destacar que la Unión Europea era "algo más que un mercado común".
La UE "es sobre todo un conjunto de valores, como los de la paz, la justicia, la libertad, pero también la solidaridad", aseguró Barroso.