Chaitén, pueblo de 4.000 habitantes al sur del país, fue evacuado el 2 de mayo del 2008 cuando hizo erupción el volcán, que devastó la zona y dejó el área poblada de barro y ceniza. Unos 200 habitantes regresaron en los meses siguientes y de ellos más de 150 aceptaron ser evacuados el jueves anterior, cuando el volcán explotó nuevamente.
Los otros 46 se niegan a abandonar el lugar, elevando la tensión con el gobierno, que afirma que no permitirá un suicidio colectivo.
“Una cosa es la libertad de movimiento y de desplazamiento, pero frente a un hecho tan evidente como éste, que además demostró que teníamos la razón, el gobierno no puede permitir que ningún chileno por su propia voluntad se coloque en una situación de riesgo que puede terminar con su vida”, insistió el portavoz Francisco Vidal.
Ayer, el Servicio Nacional de Menores interpondría un recurso de amparo en favor de los niños que permanecen en Chaitén, para que sean evacuados.
El pueblo cerca del volcán es una zona de bosques, fiordos, lagos y volcanes. Ayer registraba intensas lluvias que, según los expertos, podrían empeorar el panorama, pues las aguas arrastran ladera abajo el material volcánico.
El jueves, al recrudecer la actividad volcánica, se formó una grieta en el el domo (es una especie de cúpula de material sólido que se forma dentro del cráter), y que por ahora crea un dique para la lava.
Si el domo cede, podría crear aluviones de gran magnitud que repetirán la catástrofe del 2008, cuando el pueblo quedó sumergido bajo las aguas del cercano río Blanco.