
Ciudad de Panamá, (Redacción). Las invasión de Estados Unidos a Panamá, lanzada la noche del 20 de diciembre de 1989, para deponer al gobierno del general Manuel Noriega, causó un trauma a la población panameña, que 20 años después sigue con heridas abiertas.
A esa conclusión llegaron investigadores, combatientes y profesionales consultados por dpa, sobre las causas, consecuencias y objetivos estratégicos del mayor despliegue bélico lanzado hasta ese momento en contra de un pequeño país, desde la guerra de Vietnam.
El sociólogo Raúl Leis, secretario general del Consejo de Educación de Adultos de América Latina (Ceaal), subrayó que la invasión estuvo vinculada al derribo del muro de Berlín y se produjo cuando Europa se distraía con las imágenes de la caída del régimen de Nicolae Ceaucescu, en Rumania.
La Iglesia católica panameña, encabezada entonces por el arzobispo Marcos Gregorio McGrath, afirmó en una misa campal que la invasión sería recordada como un "acto de liberación" y pidió a los creyentes que orasen, mientras aviones cazas volaban sobre Panamá. Muchos banqueros y hombres de negocios compartieron esa visión.
En Washington, el entonces presidente George H. Bush justificó el ataque naval, aéreo y terrestre para "devolver la democracia" a Panamá, y sacar a un dictador: el general Manuel Noriega, quien se había resistido a seguir directrices y era objeto de un "indictment" (acusación) en Estados Unidos por narcotráfico.
Argumento del narcotráfico
El Pentágono describió la invasión como un "éxito sin mancha". No obstante, Leis comentó que la operación "Just Cause" (Causa Justa) contra Panamá se ajustó a un diseño para cambiar el cuadro geopolítico. Advirtió que fue la primera vez que Estados Unidos utilizó el argumento del narcotráfico para invadir a otro Estado.
El analista, quien colaboró con la realización del aclamado documental "Panama Deception" (El engaño de Panamá), de la cineasta estadounidense Barbara Trent, sostuvo que el manejo mediático ocultó al mundo los bombardeos, la destrucción y saqueos en este país.
De hecho, más de 26.000 unidades de élite de los comandos navales, terrestres y la 82¦ División Aerotransportada se sumaron a miles de efectivos acantonados en Panamá, para enfrentar en vísperas de Navidad a unas Fuerzas de Defensa con formación policial.
Sismógrafo midió explosiones
En las primeras 12 horas de la invasión, el sismógrafo de la Universidad de Panamá registró 442 explosiones de alto poder, muchas de ellas en el barrio de El Chorrillo, que fue devastado tras duros combates, en el que Estados Unidos estrenó el avión F-117 Stealth, invisible al radar, y los mejorados helicópteros Apache y Cobra.
Caserones quemados, fosas comunes, gente ametrallada en las calles o confinada en campos de concentración demostraron a los panameños que el objetivo de la invasión iba más allá de la captura de Noriega, quien se refugió en la Nunciatura Apostólica y en enero de 1990 se entregó como "prisionero de guerra".
Los ataques incluyeron objetivos civiles, como la estatal Radio Nacional y edificios. En los alrededores del Cuartel Central de las Fuerzas de Defensa, fueron derribados dos helicópteros por el fuego antiaéreo y los disparos de las unidades de infantería "Machos de Monte", relataron varios supervivientes de la encarnizada lucha.
Morgue se llenó
El médico neumólogo Elmer Miranda, quien trabajó en el hospital Santo Tomás, confirmó que el 20 de diciembre la Morgue del nosocomio se llenó rápidamente de cadáveres y los heridos presentaban enormes orificios de bala en sus cuerpos o estaban mutilados.
"Muchos médicos que asistimos a los heridos, fuimos desalojados y destituidos de nuestros cargos. Nos amenazaron con retirarnos la nacionalidad y 20 años después exigimos justicia, porque fuimos sancionados por cumplir con nuestro deber patriótico", recalcó.
Por su parte, Rolando Sterling, un educador integrado a la tropa de milicianos San Miguel Arcángel, de los Batallones de la Dignidad, dijo que los civiles y algunos oficiales "enfrentaron con valor" a invasores en el distrito de San Miguelito, contiguo a la capital.
"Rechazamos a las tanquetas de los estadounidenses con fuego de ametralladoras, granadas y disparos de RPG. Los gringos tuvieron que retroceder, pese a que tenían superioridad aérea", acotó.
Sterling fue detenido y llevado a un campo de concentración en el sector de Clayton, en áreas del Canal de Panamá, donde tuvo un enfrentamiento verbal con el general Marc Cisneros, comandante que dirigió las operaciones contra Noriega y se refirió a los panameños caídos en acción como "maleantes".
35.000 denuncias
Bajo la ocupación estadounidense, fueron interpuestas en ls tribunales más de 35.000 denuncias contra funcionarios del gobierno de Noriega, lo que desbordó la capacidad del sistema de justicia. Bastaba una llamada telefónica para que una casa fuese allanada y sus ocupantes sometidos, pese a la falta de evidencias.
La Asociación de Familiares de los Caídos el 20 de Diciembre exige al gobierno del presidente Ricardo Martinelli que declare Día de duelo Nacional la fecha conmemorativa y tramite en Estados Unidos las reclamaciones por los daños inferidos a la población.
Celia Sanjur, del cristiano Centro de Capacitación Social, dedicado a la defensa de los derechos humanos, estimó en unos 4.000 los muertos en la invasión y unos 1.500 millones de dólares en daños materiales, que no fueron cubiertos por pólizas de seguros.
Reseñó que pese al respaldo de personalidades como Ramsey Clark, ex procurador general de Estados Unidos, y llamados del filósofo y ling�ista Noam Chomsky, el caso de la invasión de Panamá nunca prosperó en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
Sanjur adujo que las personas que perdieron todo carecen de consuelo, justicia e indemnización, no han podido superar los traumas provocados por un ataque infernal y necesitan saber dónde están y cuántos son los desaparecidos.