El robo de un botín de unos $14 millones perteneciente a las guerrilleras Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), del que se acusa a 147 militares colombianos, provocó vergüenza nacional y estupor por el dinero despilfarrado como en una película de nuevos ricos.
Mientras el Gobierno y las Fuerzas Militares anunciaban duras sanciones para los militares corruptos el pasado lunes, los medios de comunicación divulgaron dos días después los extravagantes destinos dados a los billetes descubiertos por las tropas el pasado 18 de abril en las selvas del departamento del Caquetá (suroeste).
Ese día de Viernes Santo, 147 oficiales, suboficiales y soldados que excavaban en busca de fosas comunes con cadáveres de insurgentes de las FARC, se encontraron el dinero escondido en bolsas y bidones de plástico a la orilla de un río, en una región ubicada a unos 350 kilómetros al suroeste de Bogotá.
Locura... y pena
Según testigos, los uniformados –que hicieron un pacto de silencio con muerte incluida–, casi se enloquecen contando pesos colombianos y dólares estadounidenses ocultos por los jefes de las FARC.
Los implicados dilapidaron durante casi un mes el dinero, obtenido presumiblemente por concepto de secuestros e impuestos por el cultivo y trafico de drogas.
La compañía fue trasladada al departamento del Cauca, donde un grupo de soldados pidió permiso para comprar artículos de aseo personal en un pueblo cercano y regresó con joyas, pantalones, zapatos deportivos y hasta anteojos de sol de marca.
El ministro del Interior y Justicia, Fernando Londoño Hoyos, calificó a los militares que robaron el dinero como “bandidos despreciables” y afirmó que deben ser juzgados “por traición a la Patria”.
El episodio desató también una carrera de declaraciones entre funcionarios y así, el fiscal general de la nación, Luis Camilo Osorio, advirtió de que no fue “un acto del servicio” y por ello su despacho debe emprender la investigación.
El hecho supone un golpe para la imagen de las Fuerzas Militares, que tienen una percepción positiva de casi el 80 por ciento entre los colombianos, según las encuestas, debido a su campaña contra las guerrillas.
No obstante, el general Carlos Alberto Ospina, comandante del Ejército, prometió que los implicados “saldrán de la peor forma de la institución”.