Cada vez más enfermos terminales de otros países eligen Suiza para un suicidio asistido, aprovechando su legislación liberal, y recurren a una organización helvética dedicada a la eutanasia conocida con el nombre de "Dígnitas" (dignidad).
El año pasado, "Dígnitas" ayudó a morir voluntariamente a 50 personas en su mayoría alemanes, pero también de Francia, Italia y el Líbano en una casa de Zúrich dedicada a esas prácticas.
El número de socios de la organización se eleva a 1.700, de los que 950 son extranjeros, informó ayer el dominical suizo Neue Zürcherzeitung am Sonntag .
La emisora británica BBC se ocupó recientemente del tema, y un periódico de ese país, el Sunday Telegraph , llegó a escribir que Zúrich lleva camino de convertirse en "capital mundial de la eutanasia".
Las autoridades locales temen que aumente el número de los que el periódico suizo califica de "turistas de la muerte", tras la publicidad dada en Inglaterra y otros países a la citada organización.
El Gobierno de Zúrich critica sobre todo el hecho de que el suicidio asistido se produzca muchas veces el mismo día de la llegada del enfermo al centro que tiene "Dígnitas" en la ciudad.
Entre "Dígnitas" y la persona deseosa de sus servicios a veces media una sola conversación, señala el periódico, según el cual algunos psiquiatras reprochan a esa asociación que no se limite a ayudar a personas con enfermedades incurables, sino también a enfermos mentales.
Otra organización llamada "Éxit", que se dedica al suicidio asistido solo de suizos, acusa a "Dígnitas" de excesiva ligereza.
"Prácticas discutibles"
Los socios de "Dígnitas", personas todas ellas que desean recurrir a sus servicios cuando llegue el momento, pagan una contribución anual de unos $16.
Los que quieren poner fin a sus días deben explicar en una carta las razones que les han llevado a tomar esa decisión, además de presentar documentación médica sobre el carácter irreversible de su mal.
El secretario general de la organización, Ludwig A. Minelli, de 69 años, envía la documentación recibida a otro médico, que la examina antes de mantener una entrevista con el enfermo para determinar si tiene capacidad de juicio.
En caso afirmativo, el suicidio asistido se lleva a cabo en Zúrich, en presencia de un empleado de "Dígnitas", que facilita al enfermo una dosis mortal de natrio-pentobarbital prescrita por el médico.
En Holanda, país considerado también liberal en materia de eutanasia, son precisos certificados de dos médicos para que se autorice la práctica.
El director de la clínica de psiquiatría de la Universidad de Zúrich, Daniel Hell, calificó de "más que discutible" la ayuda al suicidio de personas depresivas ya que "un estado depresivo puede durar semanas, meses o años y disiparse de pronto".
El máximo responsable de "Dígnitas" declaró, sin embargo, al periódico que su organización no atiende los deseos suicidas de los enfermos psíquiátricos de modo inmediato, sino que espera un tiempo antes de tomar una decisión.
"No queremos ese turismo de la muerte", afirma el portavoz de "Éxit", Andreas Blum, de acuerdo con el cual si su organización admitiese a extranjeros entonces "nos convertiríamos en una empresa dedicada, simplemente, al comercio de la eutanasia".