La Habana. Elián González a sus seis años desveló con su tragedia el drama migratorio, uno de los capítulos de la espinosa relación entre Cuba y Estados Unidos que se cerró esta semana con su regreso a la isla.
En medio de la saga, que erizó las relaciones entre La Habana y el exilio radical de Miami, varios cientos de cubanos siguieron la ruta de la migración ilegal, alentados por lo que Cuba llama la "asesina" Ley norteamericana de Ajuste Cubano, pero también en busca de posibilidades de desarrollo económico.
Muere uno de cada cinco cubanos que se hace a la mar de forma clandestina, según las estadísticas oficiales cubanas.
En la lancha de la tragedia de Elián, de las 14 personas que viajaban, murieron once, entre ellas la madre del pequeño, cuya desaparición fue uno de los detonantes de esta larga historia de siete meses.
Las primeras imágenes del milagroso rescate en altamar, frente a las costas de la Florida, impactaron a la opinión pública, admirada por la resistencia de este niño que vivió solitario dos días a la deriva aferrado a la cámara de un neumático.
Rápidamente, Elián devino en símbolo de lucha para los cubanos de la isla e ícono de búsqueda de la libertad del comunismo para los cubanos del exilio radical de Miami. Ambas orillas del estrecho de la Florida pelearon enconadamente por quedarse con este menor.
El escenario de confrontación entre cubanos sorprendió hasta a la Casa Blanca.
En Cuba se pretende ahora preservar su intimidad familiar, labor nada fácil tras todo el aparato publicitario y propagandístico que giró en torno a él.
En función de esta estrategia, el niño ha desaparecido de la prensa y ahora está en una casona blanca fuertemente custodiada por la policía.