Miles de colombianos dieron ayer el último adiós a su más querido humorista, Jaime Garzón, cuyo asesinato tomó dimensiones de tragedia nacional en un país ya acostumbrado a la violencia.
El cuerpo de Garzón fue velado en capilla ardiente durante toda la noche en el recinto del Congreso de la República, con honores normalmente reservados a destacados políticos y expresidentes.
Garzón fue miembro de un grupo de influyentes civiles que buscan mecanismos para relanzar el estancado proceso de paz con la segunda mayor fuerza insurgente del país, el Ejército de Liberación Nacional (ELN).
En un país curtido por un largo conflicto civil, que ha cobrado más de 35.000 vidas en los últimos 10 años, las masacres de grupos de ultraderecha, ataques guerrilleros y la ola de secuestros rara vez conmocionan masivamente al público.
Pero el asesinato el viernes de Garzón, quien se hizo famoso por sus incisivas parodias políticas, desató expresiones de dolor de parte de acaudalados y pobres, un reflejo del encanto que despertaba a todos los niveles el cómico en esta nación profundamente dividida.
Destacados políticos compararon la reacción pública al asesinato de Garzón con las que siguieron a los asesinatos de los candidatos presidenciales, el liberal Luis Carlos Galán en 1989 y el ex guerrillero Carlos Pizarro en 1990.
"Esto es un magnicidio, el magnicidio de un humorista", afirmó el congresista e ideólogo del desaparecido grupo rebelde M-19, Antonio Navarro, mientras acompañaba el féretro de Garzón.
"La matanza de (Luis Carlos) Galán y (Carlos) Pizarro provocó una reacción así; grande, inmensa... mataron a Pizarro cuando estaba haciendo la paz, mataron a Garzón cuando estaba haciendo reír", añadió entre sollozos.
Durante toda la noche miles de colombianos de todas las esferas ofrecieron sus condolencias en llamadas a la emisora Radionet, donde trabajaba Garzón y a donde se dirigía cuando fue atacado por dos pistoleros.
"Mataron la risa", tituló a todo lo ancho su edición de ayer el influyente diario capitalino, El Tiempo.
Garzón, también periodista y abogado, fue asesinado en la mañana del viernes por dos sicarios que se movilizaban en una motocicleta, quienes le asestaron cinco balazos en la cabeza y el pecho.
Una fuente de la policía afirmó que los asesinos usaron un revólver calibre .38, para no dejar casquillos desperdigados que pudieran servir de pista.
El presidente Andrés Pastrana y su gabinete, agregaron sus voces al repudio por el crimen.
Inicialmente, las autoridades acusaron a un escuadrón de la muerte de ultraderecha del asesinato, que previamente había amenazado a Garzón por sus esfuerzos para reactivar el proceso de paz entre el gobierno y el ELN.
El gobierno ofreció una recompensa de $264.000 para quien dé pistas sobre los asesinos.