EFE. El presidente de Perú, Alberto Fujimori, afronta un largo y difícil camino hasta tomar posesión del mando presidencial, el próximo 28 de julio, tras ganar el domingo unas elecciones que han sido consideradas ilegítimas dentro y fuera del país.
El primer obstáculo que deberá sortear será la decisión de su contrincante, Alejandro Toledo, de "resistir" en las calles la validez de la votación, de la que el líder opositor se retiró por considerar que iba a ser víctima de un fraude.
El candidato opositor ha recalcado que su resistencia será pacífica, pero la presencia de radicales entre quienes le apoyan hace temer que aparezca violencia.
En el plano exterior, Fujimori afrontará mañana, miércoles, un informe de la Misión de Observación Electoral de la Organización de Estados Americanos (MOE) que al parecer descalificará las elecciones en Perú y la legitimidad de sus resultados.
La MOE se retiró de Perú el jueves pasado, después de que el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) rechazó una recomendación para aplazar las elecciones.
Sin embargo, el mayor obstáculo externo para Fujimori será la posición asumida por Estados Unidos, cuyo Gobierno ha afirmado que las elecciones en Perú "no han sido válidas".
Se espera que una actitud similar será asumida por la Unión Europea, que también retiró su misión de observadores electorales de Perú.
Algunos analistas políticos peruanos creen que si las protestas callejeras y la presión exterior arrecian, podría precipitarse una reacción militar orientada a establecer un régimen provisional y a llamar a nuevas elecciones.
A juicio de otros esa posibilidad es remota, porque los mandos militares apoyan "firmemente" a Fujimori y "ven con desconfianza" a Toledo, quien es muy cercano a sectores políticos críticos con las fuerzas armadas.