
Kiev. EFE. El presidente de Ucrania, Víctor Yúschenko, cumplió ayer un año en el poder, sin aliados, con un Gobierno maniatado y en medio de un enfrentamiento abierto con el Parlamento, controlado por la oposición.
"Ucrania nunca fue tan libre como ahora. 2005 fue el año de mayores éxitos desde la independencia" en 1991, dijo Yúschenko, quien llegó al poder por la Revolución Naranja, movimiento democrático que inspiró a millones.
No obstante, Yúschenko, que defendió ayer de las críticas su gestión y la del primer ministro, Yuri Yejanúrov, ha pasado de ser el abanderado de la lucha contra la corrupción del antiguo régimen a un dirigente pusilánime a ojos de sus conciudadanos.
Si la reciente guerra del gas con Rusia le granjeó las críticas tanto de sus antiguos correligionarios como de la oposición, su intención de convocar un referendo sobre la reforma política que limita sus poderes ha provocado la rebeldía de la Rada Suprema, o Parlamento.
Según esta reforma, el Legislativo tendrá la potestad de elegir al primer ministro y formar gobierno, lo que daría a Ucrania un sistema parlamentario en vez de presidencialista, como hasta ahora.
Poder. En ese escenario, Yúschenko pasaría a ser casi una figura decorativa y sin capacidad de decisión, lo que pondría en bandeja de plata el puesto clave de primer ministro en manos de los enemigos de su movimiento.
Según los sondeos, el partido Regiones de Ucrania, del exprimer ministro Víctor Yanukóvich, principal rival de Yúschenko, es el favorito para la victoria en las parlamentarias de marzo.
El partido gubernamental, Nuestra Ucrania, apoyado por los socialistas, se encuentra a más de diez puntos de distancia.
"Hago lo posible para que las relaciones con el Parlamento sean constructivas a pocas semanas de las elecciones, pero es difícil cuando el Legislativo fue constituido hace años por medios no democráticos", se quejó.