Londres. DPA. Por una pajilla, Craig Ewert ingiere el coctel mortal de somníferos. Luego, muerde el interruptor que 45 minutos después desconectará la respiración artificial. Se despide de su mujer Mary y luego tienen efecto los medicamentos. Ewert muere. La cámara sigue grabando.
La televisión británica mostró anoche, por primera vez, un suicidio asistido en un documental que generó polémica en el país.
El documental Right to die ( Derecho a morir ) mostró las últimas horas y la muerte del exprofesor universitario estadounidense Craig Ewert. El hombre, de 59 años de edad, se quitó la vida en setiembre del 2006 con ayuda de la controvertida organización suiza Dignitas.
El canal de televisión Sky Real Lives emitió el documental, realizado por el ganador de un Óscar John Zaritsky, desatando duras críticas de los organismos que controlan los medios británicos y organizaciones que se oponen a la eutanasia.
Ewert padecía una enfermedad neuronal degenerativa incurable, que lleva progresivamente a la paralización del cuerpo y que, según los médicos, conduce a la muerte en entre dos a cinco años.
En abril del 2006, el profesor de informática jubilado recibió el diagnóstico demoledor. Pero la enfermedad evolucionó más rápido de lo temido. En pocos meses, el profesor estaba en silla de ruedas y ya no podía respirar por sí mismo, no podía mover sus brazos y tenía que ser alimentado por otros.
Por eso, el padre de dos hijos se decidió por el suicidio asistido con la organización Dignitas, que el año pasado ayudó a 141 personas a quitarse la vida.
El hombre permitió a un equipo de cámaras de Zaritsky grabar sus últimas horas en la clínica de Zúrich, en setiembre del 2006.
“Si quedara completamente paralizado, solo sería una tumba viviente que recibiría alimentación por una manguera hasta el estómago”, dijo Ewert antes del suicidio delante de la cámara. “Si no lo hago ahora, me decido por sufrir, por reforzar el sufrimiento de mi familia y por morir de una manera claramente más dolorosa”.
Ya antes de la emisión, el documental generó indignación. Los guardianes de los medios se quejaron de una imagen unilateral y muy positiva del suicidio asistido.
Organizaciones contrarias a la eutanasia hablaron de un “macabro voyeurismo de la muerte”, que glorifica el suicidio y oculta posibilidades paliativas de la medicina.
El documental es una “escenificación reprobable. De esta manera no se despierta el sentimiento de solidaridad de las personas sino solo el voyeurismo”, dijo el presidente de la Fundación Deutsche Hospiz, Eugen Brysch.
El jefe de Gobierno británico, Gordon Brown, hizo un llamado a tratar el tema de manera sensible y sin sensacionalismo. “Debemos garantizar que ninguna persona enferma se sienta bajo presión de aprobar este tipo de muerte”.
La esposa de Ewert, Mary, dijo que la película es importante. “Si la muerte es privada y se esconde, las personas no se enfrentan a sus preocupaciones al respecto. Craig era un maestro. Y creo que hizo esta película como maestro”.