
“Siempre he dicho que el diálogo no está cerrado, pero insisto en que necesitamos señales muy claras, que cese el terrorismo”, expresó el presidente.
“Políticamente están derrotados, más del 95% de la población los rechaza, y militarmente también están cada vez más debilitados. Desmovilícense, dejen las armas”, dijo el mandatario, al dirigirse a los rebeldes de las FARC, la guerrilla más antigua de América Latina, con 47 años de lucha armada.
Cano, de 63 años, un universitario de clase media cuyo verdadero nombre era Guillermo León Sáenz, ascendió al mando máximo de las FARC en 2008, luego de la muerte por causas naturales de su fundador, Manuel Marulanda
Santos consideró que la muerte de Cano es el golpe “más contundente” sufrido por las FARC debido a la importancia que tenía “frente al resto del secretariado”, la cúpula de siete miembros del grupo.
Las FARC –que según el ministerio de Defensa tiene unos 8.000 guerilleros– aún no ha reaccionado públicamente a la muerte de su jefe, que deberá ser reemplazado por algún miembro del secretariado, donde ya no hay líderes históricos.
En su discurso, Santos recordó a los rehenes en poder de las FARC, 18 de ellos policías y militares. “No los hemos olvidado y haremos todo lo que esté a nuestro alcance para su liberación”, manifestó.
Junto a Cano cayeron otros tres rebeldes (dos hombres y una mujer). En el área donde estaba el jefe rebelde, las autoridades encontraron siete computadoras, 39 memorias USB y 194 millones de pesos (unos $102.000), según detalló el ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, al resaltar que todas las operaciones en contra a Cano fueron planeadas y ejecutadas por personal colombiano.
El cuerpo de Cano fue llevado a la morgue de Popayán, donde se le practicaron exámenes para determinar la causa de la muerte. Luego sería trasladado a Bogotá.
Cano, de espesa barba y grandes lentes, se hizo conocido al encabezar la delegación negociadora de la guerrilla en las conversaciones realizadas en Caracas en 1991 y Tlaxcala (México) en 1992. Luego, participó en los fallidos diálogos con el gobierno del conservador Andrés Pastrana (1998-2002) , donde sin embargo no tuvo un papel destacado.
Su muerte siguió a la de Jorge Briceño, alias Mono Jojoy, el líder militar de la guerrilla, abatido en un bombardeo en setiembre de 2010 en Colombia.
En marzo de 2008, el Ejército dio también muerte al entonces número dos de FARC, Raúl Reyes.