Tras la sistemática eliminación de la prensa extranjera, las asociaciones humanitarias, la ONU y la Iglesia Católica, Timor Oriental se convirtió finalmente ayer en el perfecto escenario para un genocidio sin testigos, denunciaron organismos humanitarios.
Pese a las protestas internacionales, el éxodo de los habitantes de Timor Oriental continuaba a un ritmo de 2.000 a 3.000 personas por hora, según la Cruz Roja y la Misión de la ONU (Unamet), que ayer evacuó su sede en la capital provincial de Dili.
Las advertencias y los llamados, tanto del presidente estadounidense Bill Clinton, como del papa Juan Pablo II, permanecieron sin efectos. Las masacres en Timor Oriental continuaban, según los testimonios de los primeros refugiados evacuados por la Unamet, que llegaron ayer en la mañana a Darwin, al norte de Australia.
El presidente norteamericano Bill Clinton no ocultó ayer su indignación por la situación en Timor, y dijo que los ataques al complejo edificio de Unamet son "sencillamente inaceptables" y acusó a los militares indonesios de participar en esa violencia.
En un comunicado dado a bordo del avión presidencial Fuerza Aérea Uno afirmó que "el gobierno y los militares indonesios deben revertir este rumbo, hacer todo lo posible por poner fin a la violencia y permitir a una fuerza internacional hacer posible la restauración de la seguridad".
No obstante, el jefe de las Fuerzas Armadas en Yakarta, el general Wiranto, insistió ayer que todavía no ha llegado el momento para el despliegue de una fuerza internacional; mientras, las milicias terminan de destruir lo poco que queda de Dili.
Casi desolada
Al menos 65.000 personas cruzaron la línea divisoria entre Timor Oriental y Timor Occidental desde el pasado domingo y el flujo de refugiados se mantiene, según el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).
Un portavoz de este organismo aseguró ayer en Ginebra que se espera que pronto se llegue a la cifra de 100.000 huidos a la parte Occidental de la isla, sin contar a los que se esconden en las montañas o han huido hacia Darwin, Australia.
El CICR fue expulsado de sus instalaciones en Timor Oriental el lunes pasado y parte de su material fue confiscado o destruido.
Además, los milicianos pro indonesios se paseaban ayer impunemente por las calles de Dili en los coches que robaron a Unamet después de que sus funcionarios evacuaran su sede.
Según emisoras indonesias, las milicias atacaron la sede de la Unamet tras su evacuación, destrozaron algunos vehículos y se apoderaron de otros, que ahora utilizan a su antojo.
Según los relatos de los últimos evacuados de Dili -unos 400 miembros de la Unamet y algunos periodistas que estuvieron atrincherados en esas desde el lunes-, la urbe está deshabitada y destruida, y las milicias son las dueñas de las calles.