Esta noticia, difundida en Yakarta el miércoles por los noticieros de televisión, hizo que los partidarios de la independencia, que se abrazaban y se congratulaban mutuamente, invadieran las calles de Dili, la pequeña capital a orillas del mar, que tiene menos de 150.000 habitantes.
Pero ayer por la mañana un grupo de empleados públicos de la administración de Yakarta, reunido en el gran hotel de la ciudad, anunció que pediría armas al ejército indonesio.
Tanto en Dili como en Yakarta, Lisboa, para no mencionar la sede de las Naciones Unidas, donde pocas horas después debían comenzar las negociaciones entre Portugal e Indonesia, previstas desde hacía tiempo, el vuelco del régimen indonesio tomó a todo el mundo por sorpresa.
Es la primera vez que Yakarta considera la independencia como una posible salida al conflicto timorés, provocado por la invasión lanzada en diciembre de 1975 y que jamás fue solucionado, a pesar de una implacable represión que costó la vida a más de 200.000 personas.