El terremoto que sacudió El Salvador, el martes pasado, activó antiguas y nuevas fallas locales que amenazan la capital, San Salvador.
Funcionarios del Centro de Investigaciones Geotécnicas (CIG) de esa nación, detectaron la activación de las fallas en las inmediaciones de los cerros San Jacinto y Santo Tomás, en la periferia este.
Esta situación aumentó la incertidumbre entre los habitantes de la ciudad, que alberga a más de un millón y medio de habitantes, de los seis que viven en el país.
La zozobra también comenzó a hacer mella entre los centroamericanos, ante la posibilidad de que los terremotos que sacudieron El Salvador (el 13 de enero y del martes anterior) desencadenen un enjambre sísmico en el istmo.
En el caso de Costa Rica, Eduardo Malavassi, del Observatorio Vulcanológico y Sismológico (Ovsicori), descartó esta posibilidad.
Fallas activas
Scott Baxter, geólogo del CIG, explicó que El Salvador, y en especial la capital, registra "una batería de pequeños sismos" que se activó con el terremoto del martes pasado, de 6,6 grados en la escala de Richter.
Su origen fue tectónico; es decir, por fallamiento local.
Pero agregó que este temblor, a su vez, se activó por el del 13 de enero, que se originó por la ruptura de la placa Cocos, que constantemente trata de colocarse debajo de la Caribe.
Ambos movimientos telúricos desencadenaron una ola de réplicas.
Dos días después del sismo, el CIG registró más de 350 réplicas, todas sensibles. La magnitud ha oscilado entre los 2,5 y los 4,0 grados.
Los temblores se han sentido con mayor frecuencia en la llamada depresión central, en donde se encuentran los cerros San Jacinto, Santo Tomás y San Marcos.
Estas regiones montañosas tienen un largo historial sísmico. El cerro San Jacinto fue el epicentro del terremoto que en 1986 estremeció al país.
En aquella oportunidad el saldo fue de 1.500 muertos y más de 10.000 heridos.
Para evitar una tragedia similar, el Comité de Emergencia Nacional no descartó evacuar dicha zona en los próximos días.
Sin relación
Para Malavassi, no hay por qué alarmarse en Costa Rica ante una eventual ola sísmica, producto de sismos en El Salvador.
Aseguró que un factor que descarta esta posibilidad es la distancia de poco más de 1.000 km entre nuestro país y aquella nación.
Explicó que la energía que se desprende tras un sismo, como el del 13 de enero, no es lo suficientemente "potente" como para activar una falla en nuestro país, aunque este se haya sentido acá.
"Este fenómeno ocurre a distancias muy cortas, no mayores de 100 km", señaló.
Para ello, puso como ejemplo el terremoto de 7,0 grados en la escala de Richter que estremeció Cóbano, de Puntarenas, el 25 de marzo de 1990.
El sismo "despertó" una serie de fallas en varios puntos del país. Nueve meses después, el 22 de diciembre, un temblor de magnitud similar sacudió la provincia de Alajuela.
La distancia entre un lugar y otro se encuentra en el rango de los 100 km.