Calais, Francia. EFE. Ha sido su hogar provisional en los últimos meses y, aunque sabían que no era más que un trampolín para acceder al Reino Unido, cientos de migrantes en Calais asistieron este martes al segundo día de derribo del campamento francés bautizado como “la jungla”.
El trabajo de las excavadoras y de varios operarios de una empresa contratada por las autoridades francesas va minando paulatinamente el poblado de tiendas de campaña que se extiende en una explanada en las afueras de la ciudad portuaria francesa.
Es un punto clave para entrar en el Reino Unido, puesto que desde allí parten multitud de ferris y también el tren subterráneo que cruza el canal de la Mancha .
Introducirse clandestinamente en uno de los camiones que, de forma cotidiana, hacen el trayecto, es el objetivo de los miles de inmigrantes que, llegados de todo el mundo, aguardan en Calais su oportunidad.
Hasta ahora, para hacerlo esperaban en un campamento de fortuna, la “jungla”, donde el Estado y un puñado de organizaciones humanitarias instalaron algunos servicios básicos, agua, corriente, distribución de comida y ciertos servicios sanitarios.
Sin embargo, las autoridades francesas, impulsadas por una sentencia que los condenó por no respetar los mínimos vitales en el campamento, anunciaron su cierre paulatino.

La clausura empezó por el sur de “la jungla”, luego de que se levantaran las reticencias judiciales, las excavadoras comenzaron el lunes el desmantelamiento del campamento, que prosiguió a lo largo de esta jornada.
La primera reacción de los inmigrantes fue violenta, lo que provocó en la noche del lunes al martes enfrentamientos contra las fuerzas del orden, instigados por algunos radicales, dos de los cuales fueron arrestados.