Cálculos iniciales estiman los daños en unos 2.000 millones de dólares neozelandeses ($1.440 millones). El sismo derribó edificios, fracturó puentes hoy intransitables, cortó el suministro eléctrico y los conductos de agua potable, gas y aguas servidas se rompieron.
Los vecinos aterrorizados huyeron de sus hogares para descubrir las calles cubiertas de vidrios y escombros. A pesar de la magnitud de los destrozos, sólo dos personas sufrieron heridas graves en esta ciudad de unos 340.000 habitantes.
El terremoto ocurrió justo antes de la madrugada cuando había poca gente en la calle mientras las fachadas de los inmuebles se estrellaban en el suelo donde aplastaron carros estacionados.
Las autoridades declararon el estado de emergencia en la ciudad y advirtieron a la gente alejarse de edificios dañados por temor a nuevos derrumbes pues las réplicas siguen sacudiendo a Christchurch.
El alcalde de la ciudad, Bob Parker, dijo sentirse “horrorizado por la magnitud de los daños pues a pleno día fue evidente que los destrozos eran mucho mayores de lo que se había creído inicialmente.
“Declarar el estado de emergencia nos hará un poco más fácil evacuar a la gente de los edificios si hace falta, y cortar las calles”, anunció Parker en radio nacional.
“No debe haber una casa, no debe haber ni una familia en nuestra ciudad que de alguna forma no haya sufrido daños personales o en su propiedad. Es como un iceberg: bajo lo visible, hay daños estructurales considerables”, dijo el alcalde.
Michele Hider, portavoz del Hospital de Christchurch, dijo que dos hombres de 50 años habían sufrido heridas graves. Uno fue herido al derrumbarse una chimenea y el otro por vidrios que le cayeron.
La policía acordonó el centro de la ciudad pues saqueadores estaban robando negocios cuyas vitrinas se rompieron , señaló el inspector de policía Mike Coleman.
“Aquí hay daños considerables, y tenemos informes de saqueos. Los vidrios de comercios están rotas y naturalmente es fácil robar”, agregó el funcionario.
Coleman dijo que, por la amplitud del daño, se pidió a los habitantes quedarse en sus hogares.
Pocas horas luego del terremoto, las rutas de los suburbios de la costa se llenaron de automóviles con residentes huyendo hacia tierra adentro por temor a un tsunami el cual no se presentó.
Este movimiento telúrico, que se sintió en la Isla del Sur y la Isla del Norte, fue el más destructor que se haya registrado en Nueva Zelanda desde el sismo de 1931 en la Bahía de Hawke; ocasión cuando murieron a 256 personas.