Tegucigalpa. El presidente de Honduras, Carlos Flores, asumió ayer el mando de las Fuerzas Armadas y puso fin a 41 años de hegemonía de los militares, acusados de violaciones a los derechos humanos y desapariciones perpetradas en la década pasada.
Durante una colorida ceremonia, Flores recibió de manos del comandante en jefe de la institución militar, general Mario Hung Pacheco, el estandarte y el bastón de mando, como símbolo -según un decreto leído en el acto- de que se garantizará "la supremacía del régimen civil.
"Hemos llevado este cambio sin derramar una gota de sangre", por iniciativa de los mismos militares, destacó Hung Pacheco en su discurso emitido durante la ceremonia, en la Escuela Militar, a la cual asistieron la cúpula castrense y del Gobierno, cuerpo diplomático, autoridades de los poderes Legislativo y Judicial y empresarios.
Desde fines de 1957, el máximo jerarca militar hondureño era el comandante en jefe, nombrado por el Congreso, pero de una terna enviada por una asamblea de generales y coroneles denominada Consejo Superior de las Fuerzas Armadas (Cosufa), sin dependencia directa del mandatario.
Pero el Congreso ratificó la madrugada del martes una reforma constitucional que anula el cargo de comandante en jefe y el Cosufa y establece que el mando de la institución sea asumido por el presidente de la República por medio de un ministro de Defensa que, según la enmienda, le debe obediencia.
El gobernante hondureño aún no anunció quien será el ministro de Defensa, pese a que Hung Pacheco terminó ayer su período de tres años al frente de la institución castrense.
En su discurso, Flores destacó que los "históricos" cambios militares "son necesarios, inevitables e impostergables para que la democracia efectiva tenga sentido, estabilidad, perdurabilidad y continuidad".