Moscú. El submarino nuclear ruso Kursk llegó ayer a la bahía de Rosliakovo (noroeste), cuya población le esperaba con inquietud por temor a posibles fugas radiactivas.
El sumergible, izado del fondo del mar de Barents el lunes, permanecerá en dique seco cerca de Rosliakovo durante tres meses, el tiempo necesario para recuperar los cuerpos de los 118 tripulantes que murieron en la catástrofe, así como los 22 misiles Granit que llevaba a bordo.
Aunque el viceprimer ministro ruso, Ilia Klebanov, aseguró el martes que el reactor nuclear del Kursk no representa ningún riesgo, la población no lo termina de creer.
"Las autoridades pueden repetir cien veces que el submarino no es peligroso, pero yo no lo creeré jamás", afirmó Valentina Maltseva, de 40 años.
La Marina instaló varios puestos de control de radiactividad.
Además, la Flota del Norte elaboró un plan de protección de la población que prevé la evacuación temporal de los habitantes de Rosliakovo hacia Murmansk y otras localidades de la región, en caso de peligro.
A pesar de ello, Alexandre Stadniuk, un estudiante de 22 años, afirma que "si pasa algo no creo que vayamos a saber la verdad".
La operación para poner en dique seco al Kursk comenzará el sábado o el domingo y durará cinco días. Se llevará a cabo con la ayuda de dos pontones de 100 metros de largo y un peso de 1.700 toneladas cada uno.
Dentro de tres meses, el submarino será transportado a Snejnogorsk (noroeste de Rusia) donde será desmantelado en el mayor secreto.
El Kursk naufragó el 12 de agosto de 2000 con 118 marinos a bordo, sin que hasta ahora se hayan esclarecido las causas de la tragedia.
Agencias de prensa rusas reportaron declaraciones del presidente Vladimir Putin, citado a su vez por el portavoz del Kremlin, Alexei Gromov, que afirman que expertos de la fiscalía y forenses serían los primeros en abordar el submarino.
Putin dijo que se haría todo lo posible "para revelar y mostrar al público las verdaderas causas de esta tragedia", indicó la agencia de noticias Itar-Tass.
El Kursk, de 18.000 toneladas, fue sacado el lunes del mar de Barents, donde yacía a unos 100 metros de profundidad, en una operación realizada por la firma holandesa Mammoet, y que duró más de 15 horas.