
Según Naciones Unidas, en casi el 80% de homicidios en Tailandia se usó un arma de fuego, un porcentaje que casi va a la par con naciones como Sudáfrica, Colombia, México, Guatemala o Estados Unidos.
No obstante, su tasa de homicidios por cada 100.000 habitantes es relativamente baja: 5,3.
En el bazar de las armas situado en el corazón de Bangkok, los escaparates de las armerías exhiben diferentes tipos de chalecos antibala, colecciones de pistolas, algunos fusiles semiautomáticos modificados o carabinas con mira telescópica para francotirador.
“No se permite la venta a los turistas, pero recibimos clientes de todo el país porque aquí tenemos la mayor oferta en cerca de 80 tiendas”, explica Polpatr Tanomsup, director del departamento internacional de la Asociación de Armerías de Tailandia.
Contrasta que en muchos de los comercios se muestran las pistolas y escopetas junto a imágenes del piadoso Buda, quien predicó la más estricta no violencia y abogó por respetar la vida de los animales.
Con 15,6 armas de fuego por cada 100 habitantes, este país del sureste asiático está en el puesto 38 de la lista de aquellos en los que el promedio por habitante es mayor, por detrás en una relación que encabezan EE. UU., Serbia y Yemen.
Polpatr asegura que la mayoría de tailandeses compran armas para practicar el tiro deportivo o defensa personal en áreas rurales sin presencia policial, o con escasa, incluidas aquellas en la franja de las fronteras que comparte con Birmania, Camboya y Laos, y en la región musulmana del sur de Tailandia, donde hay un conflicto armado.
El gremio tailandés de armerías no tiene datos sobre el número de licencias concedidas, aunque insiste en que sus comercios son estrictos al pedir el permiso de armas.
“Ni siquiera mostramos armas a quienes no nos enseñan la licencia de posesión, para la que hay que aportar un expediente policial limpio y un documento que refleje ingresos regulares”, afirma Polpatr, también dueño de una tienda y aficionado al tiro deportivo.
En Tailandia, la legislación solo permite fabricar munición, por lo que las armas vienen de fuera, y, en la venta al público, las que son legales alcanzan precios altos por impuestos de hasta el 74%.
Los precios van de los $1.100, por una pistola Taurus, a los casi $6.000, por un rifle de francotirador.