
Ciudad de Guatemala. AP. Décadas después de ser acusados de violaciones a los derechos humanos y con cuatro egresados presos en México por cargos de narcotráfico, la escuela de kaibiles quiere mejorar su imagen, algo que es difícil cuando está situada en un lugar que se llama El Infierno.
El entrenamiento que reciben los hace famosos porque los programa para matar o morir, con el lema "si avanzo, sígueme; si me detengo, aprémiame; si retrocedo, mátame".
Los kaibiles son un grupo de soldados de élite cuya reputación en Guatemala está marcada por matanzas de civiles y violaciones a los derechos humanos.
"La presión a la que ha estado sometida la figura del kaibil obligó a un cambio en la escuela. Nada tiene que ver un kaibil con alguien que se entrenó aquí y luego se volvió asesino o delincuente", explicó el director del comando de fuerzas especiales, Miguel Ángel Escribá.
Los cambios van desde ya no insultar a los alumnos ni obligarlos a comer perro crudo, hasta hacer piñatas para niños y fiestas en las que adolescentes de poblados cercanos departen con los oficiales.
Pero el nombre de la escuela en donde se entrenan sigue siendo El Infierno, en la jungla del norte de Guatemala, donde mosquitos, lluvias torrenciales y el sofocante calor se suman a las extremas condiciones de entrenamiento.
De ese Infierno han egresado 5.000 militares en 31 años.
El vocero del ejército y exinstructor de la academia, Jorge Ortega, expresó que "los kaibiles somos gente eficiente, confiable; que sabe hacer su trabajo en cualquier condición".
Esos atributos les da prestigio en ejércitos de la región y las Naciones Unidas ha contratado a 189 de ellos para misiones de paz en Haití y el Congo.
En la última promoción, este mes, se graduaron 16 oficiales procedentes de El Salvador, Honduras, Nicaragua y Belice.
Todos aseguraron que el entrenamiento fue tan duro que pensaron en abandonarlo, pero el prestigio de convertirse en kaibil les hizo seguir adelante.
Al completar satisfactoriamente la última emboscada del curso, exhaustos tras dos días de no dormir y comer muy poco, celebraron gritando el emblema que los identificará el resto de la vida: ¡"kaibil, kaibil!".