Belgrado. DPA y AFP. Sus seguidores lo calificaban como "el nuevo Tito". Pero mientras que el mariscal Josip Broz Tito se convirtió, después de la II Guerra Mundial, en el fundador de la Yugoslavia comunista, Slobodan Milosevic entrará en la historia como el enterrador de aquel país habitado por diferentes pueblos.
Milosevic protagonizó en la última década del siglo XX tres guerras que acabaron con la Yugoslavia construida por Tito.
Esos conflictos causaron más de 300.000 muertos y entre dos y tres millones de desplazados, destruyeron cientos de ciudades y dejaron un rastro atroz de violaciones, torturas y desapariciones.
El líder de Yugoslavia entre 1987 y 2000 era un político de silenciosa pero desmedida ambición, movido por un nacionalismo exacerbado y el sueño de crear una Gran Serbia. Era llamado "carnicero de los Balcanes".
Quienes lo conocieron decían que no tenía amigos desde que era niño, que era un mentiroso patológico y que su concepto de la vida y de la muerte era muy peculiar, tal vez debido al suicidio de sus padres. Según parece, su esposa Mira Markovic, tomó muchas de sus decisiones políticas.
La ascensión de este hombre introvertido, pésimo orador y carente de carisma fue fulgurante. Milosevic aparece como el hombre que los serbios esperaban: neutraliza a los adversarios, en 1987 obliga a su maestro y mentor político, el presidente serbio Ivan Stambolic, a dimitir y se hace con la presidencia de Serbia. En el 2000 lo mandó a asesinar.
En 1989 anula la autonomía de Kosovo otorgada por Tito en 1974 a esta provincia de mayoría albanesa. En toda Serbia se impone el culto a su persona. Ciego de ambición e impresionado por su triunfo, Milosevic empuja a sus compatriotas serbios de Croacia a proclamar la República Autónoma de Krajina y a los serbios de Bosnia a crear la República del pueblo serbio de Bosnia-Herzegovina.
Sangre en los Balcanes. Pero los episodios sangrientos no se harían esperar. El Ejército yugoslavo convierte en ruinas la ciudad croata de Vukovar, que pasaría a la historia como un símbolo de la resistencia; la ofensiva serbia contra Sarajevo, de 1992 a 1995, provocó la muerte de miles de personas, y la masacre del enclave de Srebrenica, en Bosnia, donde murieron 8.000 musulmanes, sería la matanza más cruel desde la Segunda Guerra Mundial.
Inexplicablemente, Milosevic seguía siendo interlocutor válido en el exterior y consiguió firmar en 1995 los acuerdos de Dayton, EE. UU., que ponen fin a la guerra de Bosnia.
Pero sus ansias de guerra rebrotaron en Kosovo en 1998. Para evitar la limpieza étnica, miles de albaneses huyeron, la OTAN intervino en 1999, bombardeó durante 11 semanas Serbia y consiguió que las tropas de Belgrado salieran de la provincia.
Desde entonces, el pueblo serbio se rebela, multiplica las huelgas y vota en una elección contra su antiguo héroe y líder. El pueblo que lo ensalzó ahora lo despreciaba. Serbia no pareció inmutarse cuando fue trasladado a La Haya, a finales de junio de 2001.