Barcelona, España. En cinco minutos de silencio los barcelonés gritaron ayer al mediodía todo su odio contra ETA.
A esa hora, una multitud se reunió en la plaza de Sant Jaume en el casco antiguo de la ciudad mientras centenares de personas se congregaron en las universidades y frente a edificios públicos para protestar contra el crimen del exministro de Salud, Ernest Lluch, acaecido 14 horas antes ( nota aparte ). Los trabajadores del departamento de Economía, Finanzas y Planificación de la Generalitat de Cataluña el gobierno de esta comunidad autónoma formaron un gran semicírculo en la entrada del edificio, frente a las banderas española y catalana, en el elegante Paseo de Gracia.
Con las miradas clavadas en el suelo y las caras inexpresivas como piedras, los empleados comunicaban su indignación y rabia colectiva por el asesinato.
En la Plaza de Sant Jaume, donde están las sedes del Ayuntamiento y de la Generalitat, las autoridades se mezclaron con estudiantes, trabajadores y peatones que se detuvieron a apoyar la protesta.
"Este crimen no hace más que confirmar nuestras convicciones de libertad y democracia, que son los mismos ideales por los que luchó nuestro compañero y amigo", dijo Joan Clos, alcalde de Barcelona.
Para una profesora universitaria, que no quiso dar su nombre, Lluch era un hombre comprometido con la paz y con el pueblo vasco. "El era un perfecto matrimonio entre cerebro y corazón", dijo ella.
"Cuando hay una guerra lo primero que se hace es derribar los puentes, y Ernest era un puente entre españoles, vascos y catalanes", explicó Lluís Fosh, director de diario digital de La Vanguardia , periódico en el que colaboraba Lluch.
Lluch era uno de los mayores conocedores de la realidad vasca e impulsaba una salida pacífica y negociada al conflicto.