
Si bien la entrega de la soberanía iraquí es un hecho histórico tras un largo camino sangriento, la mayor parte del mundo se ha reservado su opinión sobre su importancia.
El presidente francés, Jacques Chirac, uno de los mayores opositores a la guerra en Iraq, se dijo complacido ante la sorpresiva transferencia del poder dos días antes de lo previsto. Pero advirtió que podría no ser suficiente.
¿Qué tan real es la soberanía si la seguridad continúa siendo responsabilidad de tropas extranjeras? ¿Conseguirá el gobierno del primer ministro, Iyad Alaui, controlar los corazones, las mentes y la seguridad? ¿Elimina la entrega del poder el rencor generalizado del mundo musulmán contra Occidente?
Las respuestas dependen en parte de los insurgentes y el resultado podría afectar no solo a Iraq sino también a la elección presidencial de Estados Unidos, la alianza transatlántica, los mercados mundiales de petróleo y las perspectivas de democracia en Oriente Medio.
El nuevo gobierno, creado por Estados Unidos sin un mandato democrático y que dirige una fuerza de seguridad que aún debe ser entrenada, oficialmente toma las riendas de la batalla contra una insurgencia que ha desafiado a la fuerza militar más poderosa de la Tierra.
La naturaleza clandestina de la ceremonia no anunciada, realizada en la fuertemente vigilada Zona Verde de Bagdad, y la falta de escenas de júbilo en las calles, hablan de la difícil tarea que hay por delante.
Muchos en la región, donde la presencia de los soldados occidentales es un tema delicado, eran escépticos y se preguntaban acerca de si la transferencia del poder tenía un significado genuino.
¿La misma cosa?
“La ocupación vestirá ahora un nuevo vestido”, dijo el investigador político sirio Haitham Kilani. Persuadir a los iraquíes de que esto no es así, es fundamental para el nuevo gobierno.
“Pienso que una vez que los iraquíes sientan que son sus propios maestros, y que tienen un gobierno que tiene poder, se hará más fácil la restauración de la estabilidad”, expresó el canciller egipcio, Ahmed Maher.
La esperanza es que si el nuevo gobierno consigue apoyo de su población, ayudará a que los milicianos terminen la insurrección.
En el corto plazo, incluso los más escépticos desearon el bien al gobierno de Alaui.
“No debemos olvidar que Iraq está geográficamente más cerca de Europa y que un Iraq inestable de hecho amenaza más a Europa que a Estados Unidos”, expresó Frank Umbach, experto en seguridad del Consejo Alemán de Relaciones Extranjeras.
Los comentarios de Chirac recordaron al mundo que la tensión transatlántica por la guerra aún no ha desaparecido por completo.
El líder francés advirtió en el sentido de que el acuerdo de la OTAN para entrenar a las fuerzas iraquíes de ninguna manera significa el envío de una tropa francesa a Iraq.
Escéptico
Francia no entrenará a gendarmes, a policías o a soldados en territorio iraquí. “Eso está claro”, declaró en Estambul.
“La devolución de la soberanía es condición necesaria, aunque, desafortunadamente, no suficiente para restaurar la paz”, sostuvo.
El canciller alemán, Gerhard Schroeder, que también se opuso a la guerra, celebró la entrega del poder, pero enfatizó: “No participaremos militarmente, no habrá soldados alemanes en Iraq”.