El presidente ruso ha intentado suicidarse varias veces, según Alexánder Korshakov, su exjefe de seguridad y autor del libro Boris Yeltsin: entre el alba y el atardecer.
"Yeltsin intentó suicidarse una y otra vez. Y una de ellas lo ha descrito él mismo en un libro, cuando se encerró en un sauna. Pero tras los ataques cardiacos de junio de 1995, ya no hubo más", afirma Korschakov en declaraciones al semanario austriaco News.
Según el exguardaespaldas y consejero, "Yeltsin sufre depresiones y se inventa continuamente historias. En ocasiones ha confundido a la opinión pública con sus cuentos, y ha habido que rectificarle a posteriori".
A la pregunta de si el jefe del Estado ruso es capaz de comprender los acuerdos internacionales que firma, Korschakov asegura que "los ataques que ha sufrido han afectado a determinadas regiones de su cerebro, y cada vez entiende menos".
La razón por la cual la familia de Yeltsin le permite seguir al frente del país pese a su delicado estado de salud se debe, según Korschakov, a que tanto su hija, Tatiana, como su esposa, Naina, "se han acostumbrado demasiado al poder, y les resultaría difícil renunciar a todo eso".
En sus declaraciones a News, Korschakov asegura que no está traicionando a su antiguo jefe publicando el mencionado libro.
"Yo presté juramento a otro Yeltsin. Pero los años le han hecho cambiar y no para mejor, desgraciadamente. Está totalmente obsesionado por el poder y cree que puede cambiar el país con solo dar órdenes", asegura.
Delirio por alcohol
En su libro relata una serie de anécdotas de quien fue su jefe hasta que lo despidió fulminantemente en julio de 1996, y lo califica de colérico y dominante, con depresiones y tendencias suicidas, así como una afición excesiva al alcohol.
El exjefe de seguridad del Mandatario ruso relata varios episodios en los cuales el consumo de alcohol impidió a Yeltsin tenerse casi de pie en presencia de otros dirigentes extranjeros, entre ellos, su amigo, el canciller federal, Helmut Kohl.
Su exguardaespaldas relata que en Dublín, a su regreso a Europa desde Washington, en septiembre de 1994, Yeltsin, al parecer totalmente borracho, no consiguió, pese a sus reiterados esfuerzos, ponerse de pie en la cabina del avión para salir a saludar al primer ministro irlandés, Albert Reynolds.
Según la versión de Korschakov, su esposa le había encontrado totalmente inmóvil en la cabina del avión: "Boris se ha ensuciado en los pantalones. Parece que quería ir al cuarto de baño pero ahora está tirado sin moverse", les dijo alarmada Naina a los médicos, que acudieron inmediatamente a intentar "resucitarle".
Korschakov ajusta cuentas en su libro con la hija del Presidente que es quien hoy, supuestamente, mueves los hilos en el Kremlin: "Durante la campaña presidencial Tatiana solo escuchaba consejos de (Anatoli) Chubais o de los asesores norteamericanos traídos por este".
En cierta ocasión, esos especialistas en relaciones públicas intentaron que Yeltsin saliera a bailar al escenario en Rostov, y tuvo que intervenir la propia Tatiana para animarle a hacer lo que aquellos querían: "Vamos, papá, seguro que puedes" "Gracias a nosotros no cayó allí muerto", escribe Korschakov.