Moscú. El Partido Comunista de Rusia, golpeado por las deserciones que amenazan con desbancarlo como la primera fuerza política del país, comenzó ayer su VI congreso para definir su táctica de cara a las próximas elecciones parlamentarias.
La colectividad dirigida por Guennadi Ziugánov busca desesperadamente una fórmula que le permita al menos mantener los 131 escaños con que cuenta en la Duma o Cámara de Diputados, tras el fracasado intento de conformar una amplia coalición de izquierda.
Si en las dos últimas campañas parlamentarias la propaganda oficialista centró sus ataques contra el Partido Comunista, el Kremlin apunta ahora su artillería contra la coalición encabezada por Primakov, quien figura también como el candidato favorito a suceder a Borís Yeltsin en la Presidencia de Rusia.
Bandera propia
Abandonados por gran parte del Partido Agrario, por el movimiento comunista renovado Legado Espiritual, y el Movimiento de Apoyo al Ejército, los comunistas concurrirán a los comicios bajo las banderas de su propio partido.
Los primeros tres lugares de lista electoral del Partido Comunista, de 270 candidatos, los ocupan Ziugánov, el presidente de la Duma, Guennadi Selesniov, y el gobernador de la región de Tula, Vasili Starodúbtsev.
Según la ley electoral rusa, la mitad de los diputados que conforman la Duma (450 escaños) son elegidos por listas de partidos, y la otra mitad, por circunscripciones mayoritarias.
"El régimen teme mortalmente a la unificación de las fuerzas de izquierda y por eso hace lo posible por dividir sus filas", dijo Ziugánov al inaugurar el Congreso, al que asisten 195 delegados de todas las regiones del país.
El gobernador de la región siberiana de Kemérovo y uno de los máximos dirigentes del Partido Comunista, Amán Tuléyev, admitió ayer el fracaso del intento de conformar una amplia coalición de izquierda y recalcó que los comunistas han cometido "graves errores"en su política de alianzas.
Según Tuléyev, en las elecciones parlamentarias del 19 de diciembre el Partido Comunista "puede perder el paquete de control de los votos" en la Duma.
El líder de Legado Espiritual, Alexéi Podberiozkin, ha declarado que la amplia coalición de izquierda impulsada por el Partido Comunista "ha muerto por culpa de los propios comunistas, que como en los años 70 persiguen el monopolio del poder".
Podberiozkin acusó al Partido Comunista de prácticas sectarias y de hacer caso omiso de las opiniones de sus aliados, que -añadió-"prácticamente no le quedan".
Sin embargo, Ziugánov se mostró optimista ante sus partidarios y dijo que está convencido de que el Partido Comunista se erigirá como vencedor en las elecciones parlamentarias y obtendrá un número de escaños suficientes como para impulsar la reforma de la Constitución.
Los comicios de diciembre constituyen una prueba de fuego para la permanencia de Ziugánov al frente del Partido Comunista.
Muchos comunistas consideran que su líder es poco carismático y que carece de un discurso convincente, y le achacan al propio Ziugánov la responsabilidad de la derrota en las elecciones presidenciales de 1996.
La mayoría de los comentaristas coincide en que los cambios en la jefatura del Partido Comunista serán inevitables si la formación sufre un revés electoral en diciembre.
La pérdida de influencia de los comunistas es cada vez más evidente.