Bagdad. AP. Los líderes religiosos iraquíes hicieron ayer incontables llamados a la unidad entre chiitas y sunitas durante la oración del viernes, en busca de conjurar el fantasma de una guerra civil.
Los rezos del viernes se produjeron en calma, quizá gracias al toque de queda que se impuso el jueves y que se prolongó también en las horas diurnas de ayer, para frenar una ola de violencia sectaria que mató a 130 personas desde la destrucción de un venerado santuario chiita, el miércoles.
Policías y soldados rodearon los principales caminos de acceso a las dos principales mezquitas sunitas en Bagdad, mientras esta ciudad de casi siete millones de habitantes estaba prácticamente vacía. Circulaban muy pocas personas o vehículos por las calles.
Toque vigente. El toque de queda que rige desde las 8 de la mañana hasta las 4 de la tarde seguirá vigente en Bagdad y en las provincias de Diyala, Saladín y Babil, informó la televisora estatal.
Un comunicado del primer ministro Ibrahim al-Jaafari dice que la decisión se tomó debido "a las circunstancias extraordinarias por las cuales atraviesa nuestro querido país".
Por otra parte, insurgentes dispararon dos proyectiles contra una venerada tumba chiita al sur de Bagdad, pero sin lastimar a nadie ni dañar al santuario, informaron los militares iraquíes y estadounidenses.
Los cohetes fueron dirigidos contra la tumba de Salman Pak, un persa que se convirtió al islam en el siglo VII y que fue barbero del profeta Mahoma.
Iraq está a punto de una guerra civil, y la estrategia estadounidense en Iraq enfrenta su prueba más grave desde la invasión de marzo del 2003.
Plegarias. Pese al toque de queda, una gran multitud asistió a las plegarias en la mezquita Abu Hanifa de Bagdad, el sitio más importante de los sunitas.
Allí, el imán Ahmed Hasan al-Taha denunció el ataque del miércoles contra la Mezquita Dorada -santuario chiita- , en Samarra, como una conspiración destinada a arrastrar a los iraquíes a una lucha entre facciones religiosas.
Residentes en Samarra recibieron órdenes de mantenerse en sus hogares hasta nuevo aviso, sin embargo muchos asistieron al servicio religioso. El imán sunita Ahmad Dayeh, a la cabeza de una masa de fieles, intentó rezar varias veces, en vano.
Replegado en una céntrica mezquita opinó que el atentado del miércoles "es un complot contra la ciudad y es necesario estar unidos para no caer en la trampa tendida por sus autores", sin precisar quiénes eran.
En Basora, bastión chiita, más de 10.000 personas convergieron en la mezquita al-Adila, donde un representante del principal clérigo chiita de Iraq, el gran ayatolá Alí al-Sistani, convocó a otro servicio religioso conjunto con sunitas en busca de la unidad.
"Este crimen fue cometido por el enemigo común de sunitas y chiitas. Debemos afirmar nuestro compromiso de vivir juntos de forma pacífica y fraternal", señaló en la ciudad santa chiita de Kerbala otro representante del gran ayatolá Sistani, Abdel Mehdi al-Karbalai.