Una columna de humo se elevaba ayer de una hoguera de neumáticos y basura mientras se escuchaban disparos esporádicos en Bel-Air, barrio pobre donde partidarios del derrocado presidente Jean Bertrand Aristide se atrincheraron para exigir su regreso del exilio.
No se reportaron homicidios ayer después de más de una semana de violencia, pero grupos fieles a Aristide bloquearon las calles.
En su mayoría, los vendedores permanecieron en sus casas. Poulare Genold, de 25 años, técnico en reparación de teléfonos, dijo que muchos tenían miedo de ir a trabajar debido a los frecuentes tiroteos.
Soldados brasileños de las fuerzas de paz de la ONU permanecían sentados sobre cuatro vehículos blindados en el Palacio Nacional, a pocas cuadras de Bel Air. Otros patrullaban el barrio pobre de La Saline, un día después de que se hallaron dos cadáveres decapitados en la calle.