México Una condena a 50 años de prisión rompió el jueves en México la sagrada pero nunca escrita regla, vigente desde hace 70 años en la elite política en el poder, de "no tocar" a los expresidentes y sus familiares, dijeron analistas
"Como tantas otras cosas del sistema que ya está muriendo, pero no termina de morir, esta es otra regla que se rompe", dijo el especialista en temas políticos e historiador Lorenzo Meyer.
Un juez mexicano sentenció el jueves a medio siglo de cárcel a Raúl Salinas, el llamado "hermano incómodo" del expresidente Carlos Salinas, quien gobernó el país entre 1988 y 1994, y actualmente vive un autoexilio en Irlanda.
El exmandatario, elogiado como adalid del neoliberalismo mientras ejerció el gobierno, acumuló un extraordinario poder político, como pocos de sus antecesores, pero se marchó del país en marzo de 1995, diez días después de la detención de su hermano mayor, Raúl.
El juez Ricardo Ojeda culpó el jueves a Raúl Salinas de la "coautoría intelectual" del asesinato de José Francisco Ruiz Massieu, un excuñado de los hermanos Salinas.
Ruiz Massieu, asesinado en setiembre de 1994 por Daniel Aguilar, un confeso pistolero bajo contrato que le descerrajó un tiro en el cuello, era el segundo dirigente más importante del gobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI), en el poder desde 1929.
El diario izquierdista La Jornada dijo ayer que la condena de Salinas puso fin al proceso penal "más impactante, polémico y truculento" efectuado en muchos años de la reciente turbulenta historia política mexicana.
Distintos sectores de opinión se refirieron a las connotaciones "extrajudiciales" del proceso y advirtieron que la condena de Raúl Salinas podrá agravar la ruptura política entre el presidente Ernesto Zedillo y su antecesor Carlos Salinas.
El ahora condenado y otrora poderoso hermano mayor del expresidente Salinas fue detenido en febrero de 1995 por órdenes del entonces procurador general Antonio Lozano, un opositor designado al cargo por Zedillo.
"Lo que estamos viendo (la condena de Raúl Salinas) no es un acto de justicia en el sentido estricto", dijo el analista Meyer. "Es una acción política disfrazada de justicia", explicó.