Ciudad del Vaticano. AFP. El papa Benedicto XVI abandonó la imagen de guardián del dogma y teólogo de hierro que rodeaba al cardenal Joseph Ratzinger, para convertirse en un párroco universal: el pastor de los católicos,
El primer papa alemán de la historia moderna, quien presidió con mano dura por casi un cuarto de siglo la Congregación para la Doctrina de la Fe (heredera de la Inquisición), ahora hará frente a los problemas y debilidades de unos 1.100 millones de católicos.
El segundo Papa extranjero en más de cuatro siglos es un hombre reservado, casi tímido, menudo de apariencia, quien se presenta ante el mundo sin la aspiración de seducir a los medios de comunicación, como espontáneamente ocurría con su predecesor, Juan Pablo II.
Ratzinger es una figura muy conocida en la Iglesia y el mundo por su trabajo de defensor de la doctrina, sobre todo por haber perseguido a los teólogos críticos y en particular a la Teología de la Liberación, surgida en América Latina en defensa de los pobres.
Pero ahora es el pastor escogido para responder a los desafíos de la modernidad.
"¡Queridos amigos! En este momento no necesito presentar un programa de gobierno", dijo en su homilía de entronización. El Pontífice agregó que su "verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas", sino las de Dios, en un mensaje de humildad.
El profesor, intelectual y escritor, quien soñaba con una carrera académica y desdeñaba con cierta arrogancia la burocracia de la Curia romana, tiene ahora el desafío de intentar llenar las iglesias cada día más vacías.
Un "guerrero". "Es un hombre modesto que sabe escuchar y tiene paciencia", sostuvo el cardenal francés Jean Marie Lustiger, mientras que el director del periódico italiano La Repubblica lo definió como "el guerrero para enfrentar la modernidad".
El nuevo Papa, cuya edad elevada asegura un pontificado más breve que el de Juan Pablo II, podría hacer aportes para resolver importantes problemas del catolicismo: la centralización del poder en el Vaticano, la bioética, el nihilismo o la ética contemporánea.
Antes de ser elegido, Ratzinger expuso en varias ocasiones sus ideas, seduciendo con su lenguaje claro y su talento para la escritura. También es un hombre de contrastes. En el funeral de Juan Pablo II, ante una plaza inundada de fieles y personalidades, al recordar al pontífice presentó un lado desconocido en él, el humano.
Pero la víspera del Cónclave, pronunció una homilía que pareció más bien un estricto programa del gobierno pontificado, en la que pidió una Iglesia fuerte frente a los cambios del mundo moderno y a la "dictadura del relativismo".