Las autoridades de la ciudad canadiense de Quebec, que volvía a la normalidad tras la convulsa Cumbre de las Américas, manifestaron ayer su alivio de que a pesar de la violencia el encuentro no fue una repetición del cerco de Seattle en diciembre de 1999.
"Lo peor no sucedió. Aprendimos de Seattle y de Praga", dijo Robert Poeti, inspector de la policía de la provincia de Quebec.
La Cumbre de tres días, que congregó a 34 jefes de Estado de América y concluyó el domingo, se vio empañada por violentas protestas callejeras antiglobalización que, en ocasiones, perturbaron el evento.
Más de 460 manifestantes fueron arrestados y 200 personas resultaron heridas, entre ellas 50 agentes policiales.
La ciudad volvió a la vida a medida que empleados de la municipalidad limpiaban el lunes las calles y reemplazaban vitrinas rotas.
Un aliviado alcalde de Quebec, Jean-Paul L'Allier, dijo que los daños a la propiedad eran limitados y que la histórica urbe de 700.000 habitantes se las arregló sin problemas para acomodar al ejército de policías, delegados, periodistas y manifestantes que llegaron a la ciudad.
Sin embargo, L'Allier advirtió que la ciudad de 392 años probablemente no albergará de nuevo una reunión de tal magnitud, en vista de las excesivas medidas de seguridad necesarias.