Los puertorriqueños acudirán mañana a las urnas con la intención de resolver, de una vez por todas, su ambivalente relación con Estados Unidos, justo un siglo después que la isla pasara a ser un territorio dependiente de Washington.
"Confío en que cuando este proceso termine, habremos erradicado de nuestras vidas un debate de 100 años que nos ha abrumado y limitado", dijo el gobernador de Puerto Rico, Pedro Rosselló, quien fue el principal impulsor del plebiscito y es un ardiente partidario de que la isla se constituya en un estado más de Estados Unidos.
El referendo de mañana será el tercero en menos de 30 años en que los 3,8 millones de puertorriqueños han tenido que definir en las urnas su futuro.
En esta ocasión, deberán decidir si quieren formar parte integral de Estados Unidos, mantener su actual relación de Estado Libre Asociado, empezar una "libre asociación" de casi independencia pero con vínculos con Washington, encaminarse hacia la independencia o sencillamente no decidir "por ninguna de las anteriores".
Puerto Rico se convirtió en un territorio de soberanía estadounidense hace 100 años, cuando España firmó el 10 de diciembre de 1898 el Tratado de París con que concluyó su guerra con Washington en el Caribe y las Filipinas.
Los puertorriqueños obtuvieron la ciudadanía estadounidenses en 1917, cuando partieron a combatir a la I Guerra Mundial, y la isla se convirtió en un estado libre asociado de Estados Unidos en 1952, bajo el liderazgo del gobernador Luis Muñoz Marín.
La estadidad ha sido rechazada en dos referendos, tras los cuales el razonamiento popular pareció ser que el actual acuerdo de estado libre asociado era, "lo mejor de ambos mundos": un poquito norteamericanos y también un poquito independientes.
Desde el principio, algunos puertorriqueños promovieron la estadidad, pero fueron más los que vieron la barrera cultural como demasiado alta.
Según el status actual, Puerto Rico es un territorio norteamericano y sus 3,8 millones de habitantes son ciudadanos estadounidenses que pueden integrar las filas militares. Pero no pagan impuestos federales y no pueden votar por presidente ni por legisladores federales, a menos que residan en el territorio continental.