El primer ministro ruso, Mijail Kasiánov, criticó ayer el acoso contra la petrolera Yukos, convertida en símbolo de la libertad empresarial en Rusia y en detonante de la mayor crisis sufrida por el gobierno de Vladimir Putin.
Tras la detención del presidente de Yukos, Mijail Jodorkovski, y la destitución de su allegado en el Kremlin, el jefe de la administración presidencial Alexandr Voloshin, fue Kasiánov quien avivó el fuego que consume lo que un canal de televisión llamó “el fin de la era del liberalismo en Rusia”.
El Jefe de Gobierno, cercano a Voloshin, criticó el embargo del paquete de control de las acciones de la firma.
“El embargo de las acciones de una sociedad que comercia en bolsa es un fenómeno nuevo y sus consecuencias son difíciles de predecir, pues se trata de una nueva forma de presión”, dijo el jefe de Gobierno.
Aunque rechazó hacer una evaluación directa de las consecuencias derivadas de la orden de la Fiscalía General rusa para embargar los títulos de Yukos, Kasiánov manifestó su “gran preocupación” por lo ocurrido.
La oposición y la prensa liberal señalan que tanto detrás del encarcelamiento de Jodorkovski, acusado de evasión fiscal y fraude, como del embargo del 44 por ciento de las acciones de Yukos, está la mano del Kremlin, por lo que la reacción de Kasiánov fue vista como un desafío a Putin.
Sobre todo al producirse cuatro días después de que Putin pidió claramente al Gobierno que no se dejara arrastrar a la discusión sobre el caso Yukos.
¿Crisis en puertas?
Los analistas explican que las discrepancias del Primer Ministro podrían reflejarse pronto en una crisis de gobierno de consecuencias impredecibles, pero que pueden derrumbar los logros económicos de los últimos tres años y amenazar la paz social en el país.
La diputada liberal Irina Jakamada dijo: “Putin ha roto el balance de fuerzas” que había en el Kremlin y ahora solo se puede esperar la toma total del poder por los leales al Presidente, la llamada “burocracia con galones” forjada en el antiguo KGB y las fuerzas de seguridad.
“Si no creamos una verdadera coalición de fuerzas democráticas, nos aplastarán uno a uno”, advirtió Boris Nemtsov, líder del partido Unión de Fuerzas de Derecha.
Algunos medios de prensa señalaron que el golpe asestado a Yukos no solo intenta limpiar la senda de Putin hacia la reelección en marzo del 2004 (Jodorkovski tenía ambiciones políticas), sino que pretende sentar las bases de un inmenso imperio económico controlado por el Kremlin y capaz de sustentar al poder político.
James Fenkner, del grupo de analistas Troika Dialog dijo al The Moscow Times : “El peor de los escenarios sería que el Estado se apropiara de la empresa”.
Los expertos indican que el ataque sin cuartel contra Yukos quiso, en primer lugar, impedir la venta de un paquete de acciones clave del consorcio a los gigantes petroleros estadounidenses ExxonMobil y ChevronTexaco.
Pero la meta última, señalan, es disponer de una nueva compañía leal al Kremlin (Yukos será la quinta petrolera del mundo) capaz de abanderar la estrategia energética mundial de Putin.