La primera persona en recibir un corazón artificial autónomo, Robert Tools, murió ayer a los 59 años en Louisville (Kentucky, centro) debido a una severa hemorragia abdominal, anunciaron sus médicos.
Tools murió en el Hospital Judío de Louisville, Kentucky (centro de Estados Unidos), donde cinco meses atrás recibió un corazón experimental de plástico y titanio en la primera operación de ese tipo en el mundo.
Consternación
En un comunicado, los médicos se manifestaron "profundamente doloridos por tener que anunciar la muerte de Robert Tools".
"La degradación del estado de salud (de Tools) no fue causada por complicaciones o un mal funcionamiento vinculado con el AbioCor", el corazón artificial, señalaron los médicos.
"Tools murió tras complicaciones que surgieron tras una hemorragia abdominal grave que no se pudo detener pese a los ingentes esfuerzos médicos".
Esta hemorragia se debió a problemas de falta de coagulación que Tools tenía desde el comienzo, ligado a otras enfermedades crónicas, anteriores al implante de corazón, agregaron.
A Tools, un diabético con problemas crónicos de riñones, solo se le dio un 9 por ciento de posibilidades de sobrevivir 30 días antes de su operación del 2 de julio.
Los cirujanos de la Universidad afirmaron que esperaban por lo menos duplicar su esperanza de vida otorgándole un corazón de plástico y titanio.
Pero fueron sorprendidos por su progreso y dijeron que disfrutaba de una "relativamente alta calidad de vida".
De todos modos, las condiciones de Tools se vieron deterioradas el 11 de noviembre luego de sufrir un paro, y en seguida necesitó una traqueotomía para respirar.
Su caso atrajo la atención de mucha gente porque fue la primera persona en recibir un corazón totalmente artificial. Otros cuatro pacientes en Estados Unidos fueron sometidos a la misma operación, y viven gracias al corazón artificial AbioCor. Un quinto paciente fue intervenido esta semana, pero no sobrevivió.
Estos corazones artificiales presentaron un gran avance respecto a los utilizados en la década de los ochenta, puesto que los actuales son alimentados por un pequeño paquete de baterías utilizado fuera del cuerpo, que transmite corriente eléctrica a través de la piel. No hay mayores cables o tubos que perforen la piel, lo que reduce el riesgo de infecciones.