El francés, juzgado desde el 6 de febrero en el tribunal federal de Alexandria (este), se arriesga a la pena de muerte tras declararse culpable de complicidad con los autores de los atentados.
Sus abogados ofrecieron la versión del presunto terrorista islámico indonesio Hambali, quien se encontró con Moussaoui en Malasia en el 2000. Lo describió como un ser turbado, "que no está bien de la cabeza" y de "mal carácter".
Moussaoui llegó a Malasia para entrenarse en un curso de pilotaje. Según el indonesio, el francés enervaba a todos. Relató que sugería constantemente operaciones "ridículas", como el secuestro de hombres de negocios chinos.
Hambalí reportó el comportamiento de Moussaoui a Khalid Cheikh Mohammed, presunto cerebro de los atentados del 11 de setiembre, a quien dijo que "algo no funcionaba bien" en el francés.
Moussaoui reivindicó el lunes delante del jurado su responsabilidad en los atentados de los cuales no participó.
Dijo que no lo hizo, exclusivamente, porque fue arrestado el 16 de agosto de 2001 porque su visa de entrada a EE. UU. estaba vencida.
Sostuvo que debía tomar parte de la operación dirigiendo un avión contra la Casa Blanca.
El detenido no ofreció detalles operacionales acreditando esta tesis pero precisó que él se había regocijado de las muertes del 11 de setiembre y que había deseado matar norteamericanos.
Dijo que para proteger a sus "hermanos de al-Qaeda" mintió a las autoridades sobre las informaciones precisas que poseía en torno al plan de atentados.
Esta tesis es la que buscaban demostrar los fiscales para pedir su ejecución, por haber impedido prevenir los atentados.