
Las negociaciones comerciales entre Estados Unidos y Canadá se rompieron después de semanas de conversaciones que llegaron a parecer encaminadas hacia un acuerdo. El primer ministro canadiense, Mark Carney, decidió retirar a sus negociadores de la mesa al considerar inaceptables varias exigencias planteadas por Washington en las últimas horas.
El desacuerdo no se limitó a los aranceles. Según los detalles divulgados sobre las conversaciones, Estados Unidos buscó obtener concesiones en sectores estratégicos y en políticas que Ottawa considera vinculadas con su soberanía.
Carney resumió la posición canadiense con una frase: Estados Unidos había “pedido demasiado y ofrecido muy poco”, según dijo en el discurso que confirmó el colapso de las negociaciones. Carney ha reiterado que las relaciones bilaterales han cambiado para siempre y que Canadá debe reducir su dependencia de Estados Unidos.
Pese a las posibles consecuencias económicas, Carney ha mantenido apoyo interno desde que asumió el cargo en 2025, dos meses después de que Trump regresara a la presidencia. Según la encuesta del Angus Reid Institute, el 76% de los canadienses considera acertada la decisión de Mark Carney de abandonar las negociaciones, mientras casi siete de cada diez creen que el primer ministro demostró fortaleza al hacerlo.
Empero, el partido conservador presiona a Carney para que revele todas las condiciones que pidió Washington.
Por su parte, el secretario de Transporte de Estados Unidos, Sean Duffy, afirmó que Canadá perderá si opta por una guerra comercial.
“Somos grandes socios comerciales, ¿verdad? Pero Canadá se beneficia mucho más del comercio con Estados Unidos de lo que Estados Unidos se beneficia del comercio con Canadá”, declaró en el programa Fox News Sunday. “Pensar que van a entrar en guerra con Donald Trump y que realmente van a ganar esa guerra con Estados Unidos me parece insensato por su parte”, dijo en el show, según AFP.
Trump dijo en su red social Truth Social. “¡¡¡Canadá quiere los beneficios de ser un estado [de la Unión], sin serlo!!!”, escribió. “También han cobrado enormes aranceles a nuestros magníficos agricultores durante muchos años. ¡¡¡Se acabó!!!”, añadió. El presidente ha sugerido que Canadá debería ser el “estado 51″ de EE.UU.

Demandas de EE. UU. a Canadá
Estas fueron algunas de las principales diferencias:
- Automóviles y camiones. Washington ofreció reducir algunos aranceles sobre vehículos, pero pretendía excluir determinados camiones fabricados en Canadá. Carney mencionó específicamente los Ford F-350, F-450 y F-550 y los Chevrolet Silverado fabricados en Ontario. “No había ninguna justificación para esa exclusión”, afirmó el primer ministro. Según su argumento, mantener esos vehículos fuera de las reducciones habría hecho menos rentable su producción canadiense.
- Acero y aluminio. Estados Unidos ofreció reducir del 50% al 25% algunos aranceles sobre acero y aluminio, según explicó el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, en declaraciones a The New York Times. Washington también buscaba que Canadá modificara determinadas condiciones de su política comercial para obtener esas reducciones.
- Madera canadiense. Otra de las propuestas estadounidenses consistía en reducir del 10% los aranceles aplicados a la madera blanda canadiense. La oferta formaba parte del paquete que Washington presentó durante las conversaciones, según recogen el Times, CBC y otros medios.
- Política comercial con otros países. Este fue uno de los puntos que más preocupó a Ottawa. En las últimas horas de la negociación, Estados Unidos introdujo condiciones que, según Carney, habrían limitado la capacidad de Canadá para negociar acuerdos de libre comercio con terceros países. El primer ministro calificó ese intento como un asunto de soberanía: “Inaceptable”.
- Idioma y cultura. Washington también planteó cambios relacionados con las políticas canadienses de protección del francés y de la producción cultural. Carney afirmó que las condiciones estadounidenses podían afectar las medidas con las que Canadá protege su idioma y su cultura, un punto que además es muy sensible para Québec.

Un acuerdo que se alejó en las últimas horas
La ruptura resultó particularmente llamativa porque pocos días antes Donald Trump había dicho que Estados Unidos y Canadá tenían un acuerdo prácticamente cerrado.
Pero la distancia entre las posiciones se hizo evidente durante las últimas horas. Según una reconstrucción publicada por The Philadelphia Inquirer, las negociaciones terminaron enfrentando posiciones muy alejadas en asuntos como las reglas canadienses para promover contenidos audiovisuales en francés, los aranceles al acero de terceros países y las condiciones para los vehículos fabricados en Canadá.
Tras el fracaso de las conversaciones, Trump ordenó aplicar aranceles del 50% a unos $20.000 millones en productos canadienses. Las nuevas medidas afectan productos como bebidas alcohólicas, madera contrachapada, equipos de hockey, ropa y otros bienes, de acuerdo con Associated Press.
Carney respondió anunciando aranceles de represalia contra productos estadounidenses a partir del 8 de setiembre y prometió una respuesta “dólar por dólar”.

De acuerdo con el New York Times, en un reportaje de este martes, un funcionario canadiense también afirmó que “Estados Unidos quería que Canadá retirara rápidamente el programa ‘Buy Canadian’, iniciado el año pasado para apoyar a las industrias afectadas por los aranceles estadounidenses”. El programa promueve la compra y el uso de productos y proveedores locales en proyectos del sector público, de manera similar a una política impulsada por Trump en EE. UU.
“Los canadienses también exigieron a Estados Unidos garantías de que el eventual acuerdo no pudiera ser descartado de la noche a la mañana por la administración Trump. Sin embargo, funcionarios estadounidenses sostuvieron que Washington conservaría la facultad de modificar en cualquier momento su política arancelaria contra Canadá, independientemente de lo acordado”, dice el Times.
No en vano, en su discurso del sábado, Carney dijo que a veces, la firma de Estados Unidos “está escrita a lápiz”.
Lo que resulte de la disputa posiblemente repercutirá más allá de los vecinos norteamericanos. Si las negociaciones se pueden poner tan tensas entre los más estrechos de los aliados, que además comparten la frontera más extensa, ¿qué no puede ocurrir en negociaciones con otros países más pequeños, menos cercanos?
Con su estilo habitual, Trump empezó este martes con otra sugerencia en su cuenta de Truth Social: cambiar el nombre del lago Ontario a “Lake America”, como hizo antes con el Golfo de México.

Fernando Chaves Espinach
Editor de Revista Dominical y Áncora. MA en Programación y Curaduría de Cine (Birkbeck, U. de Londres). 15 años de experiencia en periodismo de cultura. Bachiller en Periodismo y Producción Audiovisual por la Universidad de Costa Rica. Codirector de Pólvora Fiesta de Cine e Ideas. Exdirector del CR Festival de Cine, excurador MADC y otros espacios.
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