
¿Quién no ama a los pandas? Incluso si no hemos visto alguno los apreciamos por su torpeza y ternura, su enorme carisma y su aparente desinterés por lo que pensemos de ellos. Quién sabe: de todo proyectamos sobre estos adorables mamíferos y al rato ellos no le den mucha mente al asunto de ser una herramienta diplomática.
Un panda puede parecer un personaje poco apto para la diplomacia internacional. Come bambú, duerme gran parte del día y difícilmente podría participar en una cumbre. Sin embargo, durante décadas estos animales han acompañado momentos importantes de las relaciones de China con otros países.
La tradición volvió a ocupar un lugar destacado esta semana. Durante su visita de Estado a Estados Unidos, el presidente chino, Xi Jinping, anunció que dos pandas gigantes, Ping Ping y Fu Shuang, llegarán “en unos días” al Zoológico de Atlanta, en Georgia.
“El panda gigante ha sido un enviado de amistad entre los pueblos chino y estadounidense”, dijo Xi, según reportes de prensa.
El anuncio se produjo durante el encuentro de Xi con el presidente estadounidense, Donald Trump, el 24 de setiembre, y llega en un momento en que Washington y Pekín mantienen tensiones comerciales, tecnológicas y geopolíticas.

¿Qué pasa con los pandas?
Ping Ping, un macho, y Fu Shuang, una hembra, nacieron en la Base de Investigación de Chengdu para la Cría del Panda Gigante. China y el Zoológico de Atlanta habían anunciado en abril un nuevo acuerdo de cooperación, pero Xi dio ahora la confirmación pública de que los animales viajarán próximamente.
Atlanta recibió pandas chinos durante décadas, pero los cuatro ejemplares que permanecían allí fueron devueltos a China en 2024. El nuevo acuerdo permite reanudar el programa.
Así, dos animales vuelven a un zoológico estadounidense justo cuando los presidentes de China y Estados Unidos buscan mantener el diálogo entre dos potencias enfrentadas en varios asuntos.

¿De dónde viene la ‘diplomacia de los pandas’?
El asunto comenzó en 1957. Mao Zedong envió a Ping Ping y Qi Qi a la Unión Soviética para celebrar el 40.º aniversario de la Revolución de Octubre y estrechar los lazos socialistas entre ambas naciones.
Luego, claro, sucedió una extensión de esta práctica, ahora estrechamente vinculada con la histórica visita del presidente estadounidense Richard Nixon a China en 1972.
Durante aquella cita, la primera dama estadounidense, Patricia Nixon, comentó al primer ministro chino Zhou Enlai que le gustaban los pandas. Poco después, China envió a Estados Unidos a Ling-Ling y Hsing-Hsing, que llegaron al Zoológico Nacional de Washington el 16 de abril de ese año.
El Smithsonian recuerda que aquellos animales se convirtieron en un símbolo de la colaboración entre ambos países.

¿China regala los pandas?
Ya no. China pasó de regalar pandas a establecer acuerdos de préstamo y cooperación. Los animales adultos permanecen bajo propiedad china y los ejemplares nacidos en zoológicos extranjeros también pertenecen a China; los cachorros suelen regresar al país asiático cuando alcanzan determinada edad.
Estos acuerdos tienen además una finalidad científica. Los zoológicos participantes colaboran con instituciones chinas en investigación, reproducción y conservación.
El acuerdo vigente entre el Zoológico Nacional del Smithsonian y la Asociación China para la Conservación de la Vida Silvestre, por ejemplo, se extiende hasta 2034 e incluye una tarifa anual de $1 millón para apoyar investigación y conservación en China.

¿Por qué se llama ‘diplomacia de los pandas’?
Los animales funcionan como un símbolo de buena voluntad.
El envío de pandas no sustituye una negociación comercial ni resuelve una disputa territorial, pero permite crear una imagen de cooperación entre países. Por eso la presencia (o ausencia) de pandas en determinados zoológicos puede adquirir una dimensión diplomática.
El anuncio de Xi en Washington tiene justamente ese componente: ocurre mientras China y Estados Unidos intentan administrar una relación marcada por fuertes diferencias.
¿Los pandas realmente cambian la relación entre países?
Claro que no, pero ayuda a bajar las tensiones con la intención de conectar a científicos y ciudadanos más allá del disenso militar, político o económico que pueda existir entre las cúpulas gobernantes.
Son un gesto visible de acercamiento, pero van a resolver los desacuerdos sobre comercio, tecnología, seguridad o Taiwán. Un análisis publicado esta semana por Time recogió opiniones de expertos que consideran que el valor simbólico de estos animales persiste, aunque resulta más difícil que por sí solo modifique la percepción que los ciudadanos tienen de China.
Su importancia también está relacionada con la conservación. El panda gigante es una especie vulnerable y los programas internacionales permiten desarrollar investigaciones sobre reproducción, comportamiento y protección de su hábitat. El Smithsonian estima que quedan unos 1.864 ejemplares en estado silvestre.
Así que, aunque incapaces de gestionar la diplomacia, los pandas pueden sentirse satisfechos con su rol en el escenario internacional.

